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domingo, 5 de febrero de 2017

Objetivo: desviar asteroides para que no impacten contra la Tierra

La investigación parte del estudio del meteorito que explotó en el cielo de Cheliábinsk, en Rusia, en 2013
Cómo afrontar el riesgo asociado a los asteroides en ruta de colisión con la tierra es uno de los grandes debates que existe hoy en día entre los científicos. Sin embargo, ahora, un estudio internacional liderado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), con sede en Madrid, aporta valiosa información sobre los efectos que tendría el impacto de un proyectil sobre un asteroide, con el objetivo de desviarlo y evitar que choque contra la Tierra.
La investigación, publicada en la revista 'The Astrophysical Journal', está dedicada al estudio de las propiedades físicas de asteroides potencialmente peligrosos y, para ello, el proyecto se centró en el estudio del meteorito Cheliábinsk, que explotó en el año 2013 sobre el cielo ruso tras atravesar la atmósfera.
Concretamente, según los resultados de este estudio, la composición, la estructura interna, la densidad y otras propiedades físicas del asteroide son fundamentales para determinar el éxito de una misión en la que se lanzaría un proyectil cinético para desviar la órbita de un asteroide peligroso.
"El estudio de la composición química y mineralógica del meteorito Cheliábinsk nos permite conocer detalles fundamentales de los procesos de compactación por colisiones que han sufrido los asteroides cercanos a la Tierra. Los resultados de este trabajo son muy relevantes para una posible misión en que se desee desviar de manera eficiente un asteroide próximo a la Tierra", señala el investigador del CSIC Josep Maria Trigo, del Instituto de Ciencias del Espacio.
Cheliábinsk, un meteorito peculiar
El meteorito que explotó atravesando los cielos de la ciudad de Cheliábinsk, en Rusia, en la zona sur de los Urales, en febrero de 2013, fue el de mayor intensidad por detrás de Tunguska, que se produjo en Siberia en 1908 y que arrasó 2.000 kilómetros cuadrados de terreno.
El meteoroide, de unos 18 metros de diámetro y una masa de unas 11.000 toneladas, penetró en la atmósfera a una velocidad próxima a los 68.000 kilómetros por hora. Tras sobrevolar varias provincias rusas, explotó aproximadamente a 20.000 metros de altura.
La fragmentación de este objeto en la atmósfera ejemplificó que la Tierra actúa como un eficiente escudo, aunque entre 4.000 y 6.000 kilogramos de meteoritos, incluido un fragmento de unos 650 kilogramos que fue recuperado posteriormente, alcanzaron el suelo.
Además, el bólido liberó una energía de 500 kilotones, 30 veces superior a la bomba nuclear de Hiroshima. La onda expansiva provocó daños en edificios, especialmente en ventanas y cristales, así como heridas leves a 1.491 personas.
Los experimentos realizados durante el estudio
Los investigadores del CSIS escogieron el meteorito Cheliábinsk al considerarlo representativo de los materiales formativos de la mayoría de asteroides potencialmente peligrosos. De la clase conocida por los científicos como condrita ordinaria, estos asteroides han sufrido una gran cantidad de colisiones antes de alcanzar la Tierra y, por ello, los minerales que los componen aparecen chocados e incrementan su consistencia.
Los experimentos fueron realizados con un instrumento conocido como nanoindentador, que tiene un pequeño pistón acabado en una cabeza de diamante que realiza una presión predefinida y genera pequeñas muescas en el material, al tiempo que mide tanto la profundidad alcanzada como la recuperación plástica del material.
De esta manera, los científicos han obtenido de manera rigurosa y sistemática las propiedades clave de los materiales que forman el asteroide; en particular, la dureza, la elasticidad y la resistencia a la fractura, que podrían ser determinantes para que el impacto de un proyectil cinético lograse desviar la órbita del asteroide.
"Nuestros trabajos están demostrando que, si se quiere lanzar un proyectil para desviar un asteroide, es imprescindible conocer sus propiedades físicas y estructura interna, porque, en función de eso, el desvío de su trayectoria, será más o menos eficiente", explica Trigo.
Por su parte, otro de los investigadores del CSIC, Carles Moyano, concluye que gracias a la realización de este tipo de experimentos, "pioneros en meteoritos, estemos más cerca de afrontar con éxito el encuentro futuro con asteroides".