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martes, 7 de febrero de 2017

Insensatez magisterial

Una sociedad que se defina o cuando menos pretenda ser justa no debe tener privilegios, pero si dentro de las excepciones hubiese algún segmento social que los mereciera ese habría de ser el de los maestros.
Un conglomerado llamado a forjar ciudadanos mediante  el pan de la enseñanza para hacerlos integralmente fuertes y aptos. Por tanto, nadie en su sano juicio puede oponerse a ninguna acción que contribuya a mejorar la calidad de vida del magisterio nacional.
Sin embargo, desconocer que las cosas no se pueden todas juntas ni de la noche a la mañana, que todos los procesos tienen sus procesos y que los adelantos, tanto al sector como a los profesores, se han venido dando de una forma paulatina y comprobable, sería una injusticia.
Amén de haber marcado el punto de partida en los reclamos reivindicativos de carácter cívico La asignación del 4 por ciento del Producto Interno Bruto para la Educación, era una necesidad de cara a la penosa realidad de nuestra estructura educativa matizada por carencias, atrasos, debilidades y pobre desempeño estudiantil y formativo.
Pero para nadie es un secreto que el 4 por ciento no fue avalado por un plan quinquenal o decenal con normas de aplicación y que su conquista tomó por sorpresa al sistema que ha tenido que accionar sobre la marcha, enfrentado urgencias y haciendo una programación de fases y prioridades. La Asociación Dominicana de Profesores no puede alegar indiferencia de las autoridades porque el ministro de Educación Andrés Navarro ha sido muy consecuente con los maestros a quienes visitó en su propia sede extendiéndole su brazo de colaboración y sabiendo estar más de seis horas escuchando sus planteamientos.
Que la ADP esté amenazando con paralizar la docencia por aumento salarial es una insensatez que no se corresponde con la recuperación de un sector que bajo el sistema del 4 por ciento ha visto incrementar sus sueldos a niveles históricos, conoce las acciones para rescatar su sistema de seguro médico y se ha beneficiado de mayor calidad de vida para los activos y los pensionados.
La actitud no se corresponde con un momento de revisión para que ya los incentivos sean básicamente avalados por el desempeño. Tristemente lo que el país está viendo es a un grupo que luce más preocupado en repartirse la piñata que en que el cumpleaños quede bien.
Por César Duvernay ;-