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martes, 27 de diciembre de 2016

Prometer, prometer

(I) La norma en los políticos electos, y de los gobiernos en ejercicio, es el incumplimiento y “olvido” de lo prometido. Y aún cumpliendo, muchas veces lo hacen con medidas insostenibles y conducentes a retrocesos mayores a los previamente cuestionados.
Tal vez por eso, tan pronto el PLD comenzó a perfilarse como una opción de poder en 1990, Juan Bosch excluyó las promesas de su agenda de campaña y dijo que solo si ganaba las elecciones iría anunciando las medidas que tomaría para resolver los problemas nacionales.
En los países desarrollados, los políticos no prometen mucho. En las situaciones previas a unas votaciones, la retórica se concentra en criticar al Gobierno actual y en la discusión de algunos temas que poco importan al hombre común. Aun en tiempos de crisis, su única plegaria es remitirla sin traumas para el grueso de la población.
Con la recesión y la consecuente crisis inmobiliaria de 2008 cuando millones de familias perdieron sus casas, todos juraban que resolverían esa tragedia si eran elegidos. Pero al final no hicieron más que prestarles dinero a los mismos bancos que les confiscaron sus viviendas a los deudores que esperaban ser socorridos.
En Europa, por ejemplo, hubo todo tipo de ajustes, incremento de impuestos, rebaja de los sueldos, recortes en las pensiones y aumento desproporcionado del desempleo.
En Grecia, Tsipras intentó hacerlo de una manera diferente y la reacción de la Merkel fue recordarle que la puerta de salida de la Unión Europea estaba abierta…
… Y apareció Trump
Cuando todo parecía marchar bien en los Estados Unidos, emerge Donald Trump con un pliego de promesas nunca visto en un país avanzado.
Más sorprendentes aún son los procedimientos que promete utilizar para ejecutar algunas de ellas.
Obama no se cansa de preguntarse cómo va a renegociar los acuerdos de libre comercio y lograr el regreso de las empresas que se han ido. Sea porque no lo querían o porque todo luce muy bueno para ser verdad, parece que en todas partes estarán pendientes de la gestión de Trump. Ya comenzaron escaneando a cada persona que nombra para su gabinete.
Si los representantes de la sociedad civil de cada territorio hicieran lo mismo con sus respectivos gobiernos, el mundo en pleno fuera desarrollado.
La lección política que está enseñando el fenómeno Trump es que cualquiera que quiera ser presidente deberá estructurar y difundir una propuesta convincente de crecimiento y transformación económica. La crítica por inercia a los gobiernos de turno sigue siendo necesaria pero ya no es suficiente…
Regresemos a la RD…
Aquí resulta risible la actitud de acoso oposicionista.
Ni siquiera se detienen a mirar atrás para revisar sus propias caídas, todas las veces que se han ido de bruces… Muchas de las armas de campaña del candidato Abinader, son de nuevo asumidas como argumentos para reducir al presidente Medina.
Mucho más inteligente está siendo Hipólito Mejía que en su proverbial irreverencia al liderazgo tradicional es capaz de reburujarse con la gente más simple y hasta bailar desenfadadamente un perreo con una tíguera barrial en la fiesta empresarial de un amigo. Para los moralistas, un expresidente se reduce con algo tan simple… Aunque Leonel --tan circunspecto él--, no lo dejó atrás y un día después acompañó a Johnny Ventura en un frente de combo en la fiesta de Navidad de la Fundación Global. Mientras Danilo hace lo mismo que ha hecho siempre --visitas sorpresa y cercanía con la gente, inauguración de obras y primeros “palazos” para nuevas infraestructuras--, sus opositores lo acusan de estar en otra reelección, cosa en la que obviamente no está. Pero lo están poniendo en eso… ¡Si serán brutos!
Por César Medina;-
lobarnechea1@hotmail.com