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miércoles, 21 de diciembre de 2016

La envidia

El Texto Sagrado en el libro de Proverbios, capítulo 14, versículo 30, indica: “El corazón apacible es vida de la carne; mas la envidia es carcoma de los huesos”. La envidia es un pecado despreciable. Es mirar con mala voluntad a otra persona.
El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española la define como “Tristeza o pesar por el bien ajeno; sentimiento de animadversión contra el que posee una cosa que nosotros no poseemos”.
La envidia impide que las personas aprecien y disfruten de lo que tienen, trae infelicidad, nos empequeñece, nos impide rendir honor al que sobresale y aplaudir al ganador, nos hace ser antipáticos, destruye.
Los envidiosos se sienten desdichados, inferiores, aburridos, sienten celos, rencor, rabia, sufrimiento, desazón, disgusto y resentimiento. Este sentimiento aniquila el crecimiento personal, crea obstáculos a la felicidad de los demás y trata de destruir el mérito y la gloria. De la envidia brota la codicia. “No codiciarás” dice la Biblia en el libro de Éxodo 20: 17.
“La Biblia tiene mucho que decir sobre el pecado de la envidia. Está clasificada en las compañías impías de la injusticia, de la fornicación, la perversidad, la avaricia, el homicidio, la contienda, el engaño, la detracción, el odio a Dios, la desobediencia y la mentira. (Romanos 1:29-30)”.
La envidia se manifiesta en todos los niveles, sin importar la clase social u organizaciones: en el ámbito familiar, empresarial, militar, profesional, laboral, político, en fin, en cualquier espacio de competencia y de reunión de un colectivo, sobre todo, si se tiene talento. Distintas figuras de trascendencia mundial se han expresado acerca de la envidia:
Para Napoleón Bonaparte “la envidia es una declaración de inferioridad”; Francisco de Quevedo, escritor español, expresó “la envidia es flaca y amarilla porque muerde y no come”; Víctor Hugo, novelista francés, definió al envidioso como “un ingrato que detesta la luz que le alumbra y le calienta”; Miguel de Unamuno, filósofo y escritor español define la envidia como el hambre espiritual; y Leonardo Da Vinci, pintor y escultor italiano, lo dijo de manera elocuente: “En cuanto nace la virtud, nace contra ella la envidia, y antes perderá el cuerpo su sombra que la virtud su envidia”. El colombiano Antonio José Nariño, político y militar y uno de los precursores de la emancipación de las colonias americanas del Imperio español,  escribió: “Al principio del reino de Tiberio la complacencia, la adulación, la bajeza, la infamia, se hicieron artes necesarias a todos los que quisieron agradar desde la hora en que triunfa el hombre atrevido, desvergonzado, intrigante, adulador, el reino Tiberio empieza y el de la libertad acaba...”.
Y es que el envidioso vive perturbado y amargado, no obstante, si envidian tus éxitos y tus logros porque eres brillante, no dejes de brillar. No permitas que te lastimen ni te hieran, sigue trabajando aunque tu luz moleste a los demás. Siempre habrá alguien que te apoye. Tu legado permanecerá. Tu recuerdo quedará no importa lo que pase o lo que digan.
Cuenta la leyenda, que una vez, una serpiente empezó a perseguir a una luciérnaga; ésta huía rápido y con miedo de la feroz depredadora, pero la serpiente no pensaba desistir. Huyó un día y ella no desistía, dos días y nada. En el tercer día, ya sin fuerzas, la luciérnaga paró y dijo a la serpiente:
--¿Puedo hacerte tres preguntas?
--No acostumbro dar este precedente a nadie, pero como te voy a devorar, puedes preguntar.
--¿Pertenezco a tu cadena alimenticia?
--No.
--¿Yo te hice algún mal?
--No.
--Entonces, ¿Por qué quieres acabar conmigo?
--Porque no soporto verte brillar.
Con frecuencia nuestras acciones y comportamientos provocan la envidia de los demás, sobre todo si hacemos las cosas de manera correcta y eficiente. Alguien tratará de buscar el lado negativo, no importa lo beneficiosas que sean tus actuaciones. Por lo general uno termina diciendo: ¿Por qué me reprochan y me cuestionan si lo único que hago es hacer las cosas bien sin dañar a nadie? La respuesta es sencilla: no soportan verte billar, como dice la leyenda. Piensa que los envidiosos nunca dejarán de ironizar sobre tu orgullo, pero al final es imposible tapar el sol con una sombrilla, el resplandor y la luz permanecerán y seguirás brillando.
La mejor manera de superar este sentimiento, es asumiendo lo que expresa un fragmento de la canción Desiderata: “Siempre habrá personas más grandes y más pequeñas que tú”. Todos somos maestros y podemos enseñar y aprender de los demás. En lugar de criticar lo que otros hacen, poseen o disfrutan, es mejor aprender cómo lo hacen y cómo lo han logrado.
Enrique Nieto, escritor español, cuenta que “tu vida no cambia cuando cambia tu jefe, cuando tus amigos cambian, cuando tus padres cambian, cuando tu pareja cambia. Tu vida cambia, cuando tú cambias, eres el único responsable por ella. Examínate y no te dejes vencer.”
Imagina que un día un grupo de empleados de una empresa lleguen a su trabajo a la hora acostumbrada y se encuentren en la puerta de la empresa con un letrero que diga: Ayer falleció la persona que impedía tu crecimiento en la empresa.  En el patio central está el cadáver. Todos los empleados deben participar del funeral. En principio todos estaban tristes por el fallecimiento de su compañero. Sin embargo, todos  estaban curiosos por saber quién impedía su crecimiento. El interés mostrado por cada empleado por ver la cara del verdugo originó en tumulto, que hizo necesario la intervención de la seguridad para poner el orden. Todos se preguntaban: ¿Quién será el que estaba impidiendo mi progreso? ¡Qué bueno que murió! Cuando pasaban frente al ataúd, miraban y se quedaban estupefactos, en el más absoluto silencio. Dentro del ataúd había un espejo, cada uno se veía a sí mismo y leía un texto que decía: Todo ser humano posee virtudes, dones, talentos y cualidades que puede potencializar y ponerlas al servicio de causas nobles y de metas alcanzables. Solo tú puedes limitar tu crecimiento, perjudicar tu vida y ayudarte a ti mismo.
Por Félix Bautista ;-