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martes, 20 de diciembre de 2016

Hubieres al Conep

Con su exhibición después del fallo del Tribunal Superior Administrativo hay que considerar a Juan Hubieres para los Premios Casandra, perdón que ahora se llama Soberano o qué se yo. El caso es que deben reconocer al empresario y dirigente político por su habilidad de centrar la atención pública en él y no en los dispositivos de la sentencia.
Su show fue oportuno. Con buena actuación. Y un público fiel que secundó las dotes histriónicas del citado hombre público. A Hubieres  se le reconoce ahora una nueva habilidad, también es actor.
Para tratar de asustar y  presionar a los jueces, las huestes de Hubieres hicieron un paro sin éxito pero mostrando las uñas. Sus colegas también han desatado una sucia campaña contra el Consejo Nacional de la Empresa Privada pero el billete se les peló. Las diferencias tomarán otro matiz.
Sin importar el pataleo, la decisión del TSA no deja tu tía. Hay una pila de choferes que tendrán ahora más opciones de trabajo porque se ampliará el rango de servicios. El sector privado meterá baza en el transporte de carga. En el de pasajeros lo harán con más fe ahora que se derribó judicialmente el monopolio.
Los transportistas le dieron tantas vueltas a la rosca que se corrió. Por manso que  se vea al león no se puede golpear. Es el rey de la selva. Analógicamente, los reyes verdaderos de la jungla en que vivimos son los empresarios. Guste o no, es la realidad.  Los empresarios apodados sindicalistas abusaron de su poder. Tantos años de oficiar le dañaron la percepción de la realidad. La piedra es más fuerte que el cántaro.
Hay una nueva realidad. Los transportistas tienen que pasar al análisis de su situación concreta y dejar los sueños del pasado. Quizá se ilusionaron con intimidar al poder fáctico, pero ese rugido no es como en el cine. Este león hará algo más que  gesticular.
El sector privado será copropietario del metro y también se extenderá hacia la Omsa. Hay mucho negocio de por medio para dejarlo bajo el control de personas que  se empeñan en no transparentar sus operaciones.
A paso de tortuga el país avanza hacia la legalidad. Lentamente, pero es irreversible. Los que han operado como  sindicalistas deben dejar el disfraz. Son empresarios y deben anotarse en el Conep. No es broma.
Por Alfredo Freites ;-