viernes, 11 de noviembre de 2016

Trump, el outsider que el establishment creó

La sociedad es una construcción que se levanta a partir de la forma en que se producen las riquezas, las que llevan a la formación de un tipo de familia, que a su vez conduce hacia un conglomerado que genera reglas de convivencias, de acuerdo a los valores de la estructura productiva que diseña mediante el juego evolutivo de la selección natural, en el que también puede intervenir el Estado como garante de la cohesión social que da sentido de pertenencia.
Cuando este hilo se extiende sin interrupción, la sociedad avanza siempre en sentido favorable hacia la colectividad, porque en ese esquema, las oportunidades son un rasgo distintivo que funciona como principal incentivo para el esfuerzo individual y el estímulo a las clases o sectores de clases que en ello encuentran la integración necesaria para alcanzar la prosperidad.
Los estadounidenses construyeron una sociedad de oportunidades, con la debilidad de un enfoque en la individualidad, que sin embargo no fue obstáculo para que el colectivo avanzara  de a poco hacia la edificación del llamado “sueño americano”, amenazado en momentos que los sectores dominantes han roto el equilibrio para dejar fuera de la repartición de las riquezas a las grandes mayorías que han visto sus oportunidades de crecimiento obstruidas, debido a cambios en las reglas de juego, que desregulan, en complicidad con el Estado, para beneficio de ellos.
Esta realidad la viene padeciendo el pueblo de los Estados Unidos desde la deslocalización de las empresas con el fin de maximizar las ganancias, que trajo como consecuencia la pérdida del empleo o su precarización; la sufre desde el cambio de la fiscalidad para darle un carácter regresivo, desde la falta de fiscalización del sector financiero y la consecuente toxicidad de desembolsos para actividades improductivas que devinieron en una profundización de la desigualdad iniciada desde la implementación de las políticas neoliberales impulsadas por Ronald Reagan que comenzaron a diseccionar a una población que, ya fragmentada, fue obligada a enfrentar la crisis financiera que estalló en 2008, sacando de los bolsillos de los pobres y la clase media, el dinero para devolver las ganancias a los banqueros ricos.
Los ciudadanos hace tiempo que comenzaron a sentir que estaban perdiendo los beneficios de una sociedad desarrollada que creó el mayor estado de bienestar del planeta y, desde que fue tomando conciencia de ello, perdió la confianza en su clase gobernante, a la que le atribuía y atribuye, la responsabilidad de sus precariedades, de ahí que dio la oportunidad a Barack Obama, un outsider que para muchos podía desafiar a los actores del sistema.
Pero durante la misma campaña presidencial el candidato mulato fue cooptado por el establishment, y su compromiso con estos individuos fue tan estrecho que su gabinete lo estructuró el City Bank. Esto explicaría el rescate billonario para el sector financiero, que les llevó a alabar la fortaleza del Estado que quieren achicar para que no vaya en auxilio de las grandes mayorías.
Obama, pasó a ser parte de los líderes defraudadores a pesar de su reelección, pero al presentarse la oportunidad de sustituirlo, apareció Bernie Sanders, quien en poco tiempo fue ahogado por la nomenclatura demócrata que forma parte del establishment que también reúne a republicanos; entonces la desesperación popular se fijó en Donald Trump, el hombre antisistema que llegó a desafiarlo poniéndose en sintonía con el sentimiento de las mayorías que veía a Hillary como parte de sus problemas.
Hillary, imputada como corresponsable de la precarización del empleo y todo lo relativo a lo que algunos definen como la decadencia de los Estados Unidos, se concentró en un discurso a favor  de los inmigrantes y de los que promueven la sexo diversidad; de las minorías, mientras Trump, prometió terminar con las precariedades, las que sufren los blancos, los hispanos y todos los inmigrantes, e incluso los de los grupos LGTBI, por lo que, su mensaje fue más abarcador y creíble, sobre todo por venir de un individuo sin vínculos con el pasado político.
Queda claro que Sanders fue un producto surgido de la crisis estructural que ha venido generando la clase dominante, y Trump por igual, solo que este último, pudo sortear la generación de percepciones que el establishment, a través de los medios de comunicación, trató de crear para influir en la devastadora realidad que pedía un outsider capaz de revolucionar el injusto sistema de distribución de las riquezas que profundiza cada día la desigualdad.
Por Manolo Pichardo ;-