jueves, 6 de octubre de 2016

La tormenta Matthew y los delincuentes

SOLIDARIOS.- La información fue de lo más graciosa: los hechos delictivos bajaron durante el paso de la tormenta Mathew, y fue dada por el  director regional de la Policía Nacional en Santiago. Si el país o la zona norte cuentan con delincuentes tan solidarios y considerados, el problema no es tan serio como se pensaba. Además,  con tan efectivo registro, se elimina la percepción. La verdad que Mathew nunca pasó, y solo se sintieron los coletazos de su cercanía por Haití, Cuba y el Caribe. Y un lapso muy corto.
El respiro fue de dos o tres días. Pero algo es algo, y peor es nada. En Haití, según se reseñó, la gente se negó a abandonar sus casas e irse a los refugios, temiendo que en su ausencia fueran robadas. No es la mejor comparación, pero con tantos índices negativos, Haití por lo menos sirve para  sentir que el dominicano no es lo malo del mundo. Que los criminales, ante situaciones de desastre colectivo, se contienen, se conduelen, y esperan a que las aguas vuelvan a su nivel. La dirección nacional que aprenda de la regional, y haga anuncios tan auspiciosos, y con suficiente sigilo, para que sus contradictores de oficio no se enteren...

ROPA LIGERA.- Los políticos por igual parecen haberse recogido, y la razón podría ser la misma, pero es la contraria. No se puede ir a la gente con las manos vacías, ya que el desastre aumenta la necesidad. Cuentan de un dirigente igual de gracioso que pidió al gobierno que en el presupuesto incluyera partidas mayores para afrontar los efectos de tormenta. Un cien por precavido y oportuno, que siempre debe importar la circunstancia. Aunque el gobierno como siempre se lleva la palma. Suya entera la oportunidad. Las tormentas, los ciclones, los huracanes, constituyen desgracias para las poblaciones, pero políticamente crean plataformas propicias para los gobiernos. El que sea, el de ahora, pero también sus antecesores. De inmediato se ocupan los organismos de orientación, asistencia y socorro, un área en la que el país evidentemente avanza. La coordinación funciona y no se producen las disonancias entre funcionarios que fue la característica de otros tiempos. Pero además está el aprovechamiento, la ocasión de lucírsela, y aunque el Presidente todavía no sale con su jacket, esas visitas pueden darse por seguras...

¡AH, LAS CÁMARAS!.- Los políticos debieran discutir y forzar partidas en el Presupuesto, pero difícilmente asuman esa tarea, y serán los empresarios que deberán dejar de lado sus aficiones políticas para ocuparse de sus intereses. A ellos el daño o la carga les llegan de una vez, de manera directa. El Presupuesto es una ley especial, pero como ley, es papel, y como papel, lo aguanta todo. Incluso se tiene la impresión de descuido, de que no se estuvo atento a ese cartón, y ya el bingo está en las cámaras. Unas cámaras que ahora serían menos confiables, ya que las tensiones no se notan, pero existen, desde el momento que se las descalifica políticamente, y no se les cree capaz de proveer buenos integrantes para la Junta Central Electoral y la Cámara de Cuentas. Si la ley vigente es clara en los perfiles propios de uno y otro organismo ¿a qué sugerir o querer poner una quinta pata al gato? Los políticos se perdonan -entre sí-- sus gazapos, pero no ocurre igual cuando corresponden a instancias ajenas...

¿NEUTRO?.- Esa situación será interesante, pues el Ejecutivo que se niega a meter las manos en funciones propias del Legislativo para nombrar determinado personal en las llamadas altas cortes, o por lo menos en la Junta Central Electoral y la Cámara de Cuentas, tampoco podrá orientar en cambios susceptibles en el Presupuesto. Si acordara algunos remedios fuera de tiempo con los empresarios. La coherencia en el caso sería perversa. Y el Congreso Nacional, dejado a voluntad o políticamente motivado, es una serpiente difícil de encantar. Aquellas lluvias que parecían lloviznas, al parecer provocaron más agua de la prevista, y ahora el lodo amenaza con ser más denso de lo necesario. Casi barro. Si difícil fue el juego de la institucionalidad política, mucho más tiene que serlo el de la institucionalidad legislativa. Un Ejecutivo con su propia agenda, y con todas las posibilidades a su favor, podría darse el lujo de ser neutro. Y eso no conviene por el momento. Que nadie se sorprenda si los empresarios acuden con más frecuencia al Palacio Nacional o invitan al Presidente a uno que otro encuentro fuera de la Casa de Gobierno...
Por Orlando Gil ;-
orlandogil@claro.net.do