jueves, 18 de agosto de 2016

Promesas de Danilo

LAPICITOS DE COLORES.- No conozco, al momento de escribir esta columna, la reacción de la oposición al discurso de juramentación del presidente Danilo Medina, y ojalá que no sea el clásico “no llenó las expectativas”, pues la verdad sea dicha: prometió un país que ni pintado con lápices de colores y por los niños de cabellos brillosos de tandas extendidas en las escuelas públicas. ¿Lapsus o proyección lo de Reinaldo Pared presidente constitucional?
De todos modos fue el único instante relax. Lo demás lo hizo el Telepronter, que se portó como nunca. A partir de ahora el jefe de Estado podrá usarlo a conveniencia, pues lo domina a la perfección. El número de aplausos, sin mucho entusiasmo, dependerá de la transmisión. Sin embargo, conviene tener en cuenta el tipo de comparecencia. No es lo mismo un discurso de rendición de cuentas de 27 de febrero, que uno de juramentación de 16 de agosto, y en una ceremonia que se celebra cada cuatro años. En el primero se habla del pasado, de la gestión de  un año, y en el segundo se anuncia el futuro, lo que se hará en el próximo cuatrienio...
TIEMPO, RECURSOS.- Aunque las promesas, por muchas, implican dos cosas igualmente importantes, o fundamentales: el tiempo y los recursos. No debe olvidarse lo sucedido en el período pasado. Las obras y los programas en carpeta fueron tantos, que el tiempo fue insuficiente y hubo que pedir una extensión. La controvertida, pero triunfante reelección. El dinero tampoco daba para acometer las tareas, mucho más que había un déficit fiscal de por medio, y hubo que crear nuevos tributos. Ahora no tiene que ser diferente, pero de esa réplica deberá ocuparse la oposición, que como pudo comprobarse ayer, no encuentra el tronco y sigue por las ramas. Todo lo contrario del alto empresariado. Estuvo en la Asamblea Nacional, escuchó en vivo y directo el discurso del jefe de Estado, y al menos al presidente del Conep se le vio encantado, risueño, como si tuviera una victoria en la mano. ¿Quién invitó a Rafael Blanco Canto, el Palacio Nacional o el Congreso Nacional? La empresa privada intenta imponer su agenda al PLD y Reinaldo Pared no lo piensa dos veces para cantársela...
LA CECA O LA MECA.- El hecho que se convidara al alto empresariado a la ceremonia del Congreso Nacional, donde se sabía que el presidente Danilo Medina iba a presentar a grandes pinceladas el programa de su nuevo mandato, no puede quedarse en la mera anécdota. O el jefe de Estado o el presidente de la Asamblea Nacional querían que Blanco escuchara lo que iba a decirse, y lo que se dijo, al parecer, fue música para sus oídos. Salió del recinto aprobando y no rechazando. Las coincidencias conocidas se repitieron, y si el mandatario actúa de acuerdo a la ley, no hay razón para conflictos y confrontaciones. De ahí que dijera la semana pasada que el entendimiento entre el gobierno y los empresarios era más fácil que con la oposición, aunque estos asumieran como propias las preocupaciones del sector político. La oposición no estuvo en la Asamblea Nacional, y de seguro que estas ausencias se darán de manera frecuente en las cámaras. ¿Dónde por tanto podrán verse la cara para discutir, negociar o hacer consenso? Los empresarios no tienen problema en ir a la Ceca o a la Meca...
NO HABÍA, PERO SÍ.- Los nombramientos darán mucho de qué hablar, pero no será tanto por los funcionarios, como por las posiciones. No había mucho de donde sacar, y los gabinetes de papeles fracasaron medio a medio. Con los militares y con los civiles. Uno por aquí y otro por allí, como la candelita en las esquinas. Incluso podría decirse que los cambios se produjeron más por satisfacer el morbo, que por necesidades propias del régimen. La vieja lucha entre impresión y percepción. El gobierno midió en junio, y también en julio, y el resultado de esas mediciones era para dejar todo como estaba. No quitar ni poner. El presidente Danilo Medina siguió estando bien, pero igual su administración. Una cosa son los medios y los programas interactivos, y otra muy diferente el pueblo llano, que opina de manera espontánea y sin el condicionamiento de los intereses. Ahora habrá que apropiar por qué fulano aquí y zutano allí, pero eso es parte del can, de la chercha, y sin can o chercha no podría explicarse la política dominicana...
(*) Esta columna estaba supuesta a publicarse ayer.
Por Orlando Gil ;-
orlandogil@claro.net.do