viernes, 22 de julio de 2016

Prostitución en Código Penal

LONDRES. El tema de la prostitución sigue vigente en cualquier país. No se acepta que el más antiguo negocio se ejerza por  una debilidad humana y sea  vía de ingreso para las mujeres. Aquí, en la zona del Soho, famosa por cabarets, restaurantes y otras actividades comerciales también se oferta el amor mercenario a contrapelo de las autoridades.
Actualmente en el Senado dominicano yace un proyecto de Código Penal con censura hipócrita  a la prostitución. Aunque como en Italia, las representantes de  prostitutas ya se postulan al Congreso en República Dominicana y tienen  organizaciones que le dan cara social. El negocio de la carne femenina se entiende como algo real. Solamente.
La realidad es que las mujeres nacen con su propia alcancía a la que recurren en diferentes variables: necesidad, oficio o conveniencia. La prostitución es ceder algo de entretenimiento sexual  a cambio de dinero. Es un comercio que se ejerce  en un entramado empresarial o artesanal, público o encubierto que subsana carencias.
El hombre  financia y mantiene la prostitución. La mujer únicamente extiende su alcancía natural para saciar el mandato biológico. Es un trueque físico. Un roce efímero que se disuelve tras los vapores de las vergüenzas.  Este apremio de las convivencias   conlleva la connivencia de la autoridad. Es el teatro del disimulo. Se le traza un espacio virtual para el desfogue  mantenga  cubiertas  las apariencias.
La prostitución hizo campo en la Era de Trujillo como en la Época Victoriana. También antes y después. La doble moral sexual las  viste de cortesanas o chapeadoras. Ejercen en la bolita del mundo o como acompañantes. Se seguirá apreciando que la trabajadora sexual sea rompiente, que  allende de atractiva sea discreta. Pero no importa lo que cobre o como luzca, prostituta será.
En el Reino Unido se  atribuye la existencia de la prostitución a lo difícil que es la obtención de un trabajo. Atractivas jóvenes, aquí como allá, sudan camas para pagarse la universidad o simplemente para sobrevivir. La existencia del comercio de la carne no se acepta. Avergüenza. Quizá porque sea negocio deleznable el intercambio de humores.
Las  prostitutas complacen aberrantes reclamos y conviven con la prostitución masculina y la homosexualidad. El coto es extenso y variado. Un entretejido  sórdido que ningún Código reconoce  como negocio; que tampoco  protege a las emprendedoras. La ley  penaliza  el uso de esas  alcancías que los congresistas no ejercen.
Por Alfredo Freites ;-