miércoles, 27 de julio de 2016

JCE correría riesgo en Haití

ENTRE ELLOS.- Los partidos pequeños, en vez de forzar la puerta e intentar entrar a la mala al Diálogo de Agripino, debieran reunirse por su lado y acordar entre sus intereses. Se supone que los grandes discuten cosas grandes, y los pequeños, si debaten, será de cosas pequeñas. Por ejemplo, averiguar por qué en cada ocasión se encogen. El PLD aumentó su votación, pero sus aliados satélites la bajaron. El punto ninguno lo habla en público, pero sí en conversaciones privadas, e incluso con simples observadores de la situación y no protagonistas de la política. Doble cara, simulación al pie del patíbulo.
Si no saben cómo se crece, nunca crecerán, y siendo pequeños, víctimas de los grandes. No tienen delegados en las mesas, nadie defiende su votación, y el resultado dependerá de la generosidad de sus amigos. Los amigos, sin embargo, son escasos en elecciones, y el vaciado es una tentación difícil de superar. Si se sientan a la mesa de los grandes, tendrá que pasárselas agachados, recogiendo las migajas que caen, pues al plato principal nunca no accederán…
CON HAITÍ NO.- La colaboración de la Junta Central Electoral con el órgano similar en Haití, luce más problema que solución. Fue verdad que la solicitud la hizo la parte haitiana y es verdad, también, que el organismo dominicano presta asistencia a sus iguales del continente. Tiene un prestigio en el extranjero que ya quisiera entre los partidos nacionales, cuyos dirigentes y candidatos se rebelaron y acusaron de su mal resultado. Sin embargo, con Haití es otra cosa, con los haitianos hay que tomar distancia. Las autoridades electorales haitianas vivieron día a día como observadores oficiales el proceso dominicano, y el final, a su juicio, fue transparente y limpio. Quisieran entonces replicarlo allá, y para hacerlo deben conocer a profundidad los procedimientos, y de ser posible, utilizar la misma tecnología y equipos. Solidaridad, solidaridad. Lo grave es que los haitianos, sea gobierno o pueblo, muerden la mano que los ayuda si es dominicana. Si faltara prudencia, y la Junta acogiera la petición de los haitianos, el próximo fraude entre ellos será atribuido a los dominicanos…
SE PENSÓ QUE….- Los dominicanos que piensan rápido, suponen que la diligencia fue hecha, y hasta impuesta, por la Comunidad Internacional que quiere que República Dominicana cargue sobre sus espaldas todos los problemas de Haití y los haitianos. Sin embargo, parece que en esta ocasión los haitianos actuaron por sí mismos. Los encargados de las elecciones en el vecino país, y se murmura la mediación del embajador dominicano acreditado ante su gobierno. Esto es, Rubén Silié, a quien se atribuye afinidad, y hasta parcialidad, con los haitianos. En principio se dijo que sí, y se firmaron o se van a firmar papeles, pero hay que prepararse, pues de seguro habrá ruido de este lado, y también del otro. Incluso, sería el mismo. Los alegatos que utilizaron los políticos dominicanos serán repetidos por los políticos haitianos, y Los Aparatos de Roberto sufrirán ahora los agravios en creole. Los sectores nacionales que tienen a Haití como preocupación no se han dado cuenta de los riesgos y de las consecuencias. Y sus iguales haitianos todavía no se informan de una asistencia que por el momento es oficiosa, pero que pronto podría ser oficial…
ENTRE RAZONES.- ¿Por qué Haití mira ahora hacia República Dominicana y busca ayuda para celebrar sus elecciones? Buena pregunta, y la respuesta debiera ser mejor. Los europeos presionan para que se regularice la situación política, pero no quieren aportar nuevos recursos, pues los millones de euros del fondo anterior se esfumaron en escaramuzas que nunca fueron comicios. De Estados Unidos ni se diga. Aunque parece que en su caso hay más allante o anuncio que entrega real. En inopia, y sin posibilidad de que los euros o los dólares fluyan, a los haitianos no les queda más opción que el vecino rico, y que no solo realiza elecciones confiables, sino que por buena gente se pasa de generoso. No solo presta los calderos y los platos y los cubiertos, sino que pone la mesa. La cuestión, por tanto, no debiera discutirse. Si impiden el ingreso de productos nacionales para que sus industriales y sus finanzas se fortalezcan, que se la bandeen por sí solos en el afianzamiento de sus instituciones y provisión de su democracia…
Por Orlando Gil ;-