miércoles, 20 de julio de 2016

Estamos mal

El drama desgarrador de una niña de cuatro años violada y asesinada por tres menores de edad conmueve al país, pero desde hoy empieza a caer en el olvido con la decisión del Tribunal de Niños, Niñas y Adolescentes de la provincia de Santo Domingo que envía a un centro correccional a los detenidos por esa barbaridad.
Lo ocurrido obliga a ir más allá. La sanción correccional no es suficiente si la sociedad no termina de verse en estos hechos, en pensar en las circunstancias y los factores que los motorizan, y que forman parte de una amarga realidad en la que los niños de los barrios marginados crecen en condiciones que no pueden considerarse propias de seres humanos.
Son las mismas condiciones ya identificadas por todos los estudios conocidos por los gobiernos, las organizaciones sociales y sus líderes, sin que se asuma seriamente cómo encarar la deshumanización a que conducen condiciones inenarrables en que subsiste medio país.
Son los barrios en los cuales un estudio divulgado en 2014 con el patrocinio de la Procuraduría General de la República develó que el 63% de los jóvenes vivía sólo con sus madres o una abuela al momento de cometer un delito; que comienzan a consumir alcohol o drogas entre 13 y 14 años. Son hogares desechos, disfuncionales, a veces sin cabeza cierta, y con una baja percepción de sentido de comunidad familiar.
El estudio “Auto-percepción de factores causales de la delincuencia en adolescentes en conflicto con la Ley Penal en la República Dominicana”, elaborado por la Universidad Iberoamericana (UNIBE), señala claramente las condiciones que se incuban en los barrios, sin que se vislumbre esperanza para cambiar la situación.
Simplemente asistimos a otra escena de un fenómeno en expansión: niños y jóvenes involucrados en robos, violencia de todo tipo. Lo de ahora es una nueva aberración.
Pero todo está relacionado con la pobreza extrema y la marginalidad. Viven como bestias. Ni pensar en reparos civiles por daños causados por los menores bajo la tutela de unos pobres padres muertos de hambre y carenciados hasta de vergüenza.
El país real está mal y no queremos entenderlo. Hay que trabajar las causas profundas de esta desgracia.
Tomado del Editorial de elCaribe de esta fecha