lunes, 13 de junio de 2016

¡... Perdieron el juicio!

Aunque parezca un contrasentido, necesariamente el que pierde en unas elecciones no tiene que salir derrotado. Porque aunque resulte obvio que a unas elecciones se va a ganar o a perder-- dependiendo de cómo se vea el vaso, medio lleno o medio vacío--, es posible ganar sin obtener la mayoría del electorado... Lo que jamás puede perderse es el juicio.
En el nivel presidencial, las elecciones del pasado 15 de mayo tuvieron un ganador, Danilo Medina, reelecto con una votación histórica… Pero tanto en el ofi cialismo como en la oposición se produjeron otras victorias casi tan resonantes: Abel Martínez, Kelvin Cruz y David Collado en las alcaldías de Santiago, la Vega y el Distrito Nacional...
… Lo mismo que las curules congresionales obtenidas por José Ignacio Paliza, Faride Raful, José Laluz y José Hazim, cuyos triunfos entusiasman a sectores sociales y franjas generacionales de la sociedad dominicana.
No obstante, otros que no fueron favorecidos con el voto popular pudieran darse también como ganadores a juzgar por sus avances en el liderazgo nacional, provincial o comunitario, pero a partir de sus actuaciones convierten en derrotas los aspectos positivos que alcanzaron en el proceso.
Luis Abinader, por ejemplo, obtuvo más votos de lo que todos calcularon- - incluyéndolo a él--, y aunque eso no le otorga el grandilocuente titulo de “líder de la oposición”, le confiere posibilidad de competir con éxito en futuros procesos.
Lleva dos campañas nacionales -- una como candidato vicepresidencial y otra como candidato presidencial--, lo que le otorga alto nivel de conocimiento en el electorado. Además de esas experiencias, lo respalda su juventud sumada a la posibilidad de aprovechar los próximos cuatro años para construir una organización política con estructura electoral y potenciar nuevos liderazgos con nuevos talentos que simpatizan con el PRM.
Si no termina de perder la cabeza haciendo locuras, Abinader está proyectado a encabezar un polo opositor que haga frente al PLD en el 2020… Un PLD que, además del desgate propio de 16 años corridos de gobierno, deberá lidiar con serias diferencias internas que amenazan minar su unidad.
Sin embargo, el candidato perdedor se niega a ver “la cara amable” que le presentaron estas elecciones... Y en actitud de niño malcriado desoye consejos y peticiones para que asuma una actitud madura y acepte los resultados con civismo y vocación democrática, deteriorando su imagen no solamente dentro de su propio grupo, sino en el seno de la misma sociedad a la que tendría que pedir el votos dentro de cuatro años.
Abinader debe saber que los votos para ganar unas elecciones no están en el 26 por ciento de la población que sufragó por su partido, y ni siquiera en el 35 que votó por él en cualquiera de las agrupaciones políticas que lo postularon… Deberá buscarlos en el 62 por ciento de la población que apoyó a Danilo y que ahora observa atónita cómo el candidato que perdió instiga a la subversión para desprestigiar un proceso legítimo.
Estos ejemplos son peores aún: Guillermo Moreno y Minou Tavárez se resistieron a integrarse a un bloque opositor bajo una premisa correcta: Ante unas elecciones definidas en el plano presidencial, su apuesta pasaba por construir proyectos referenciales que recibieran una buena cantidad de votos para apoyarse en una plataforma con la opción adecuada para confi gurar en 2020 un escenario alternativo.
Pero ahora andan reburujados no sólo con el PRM del que renegaron, sino también con la conservadora y caricaturesca candidata del PUN; con el PQDC, de Elías Wesin Chávez; con la FNP, de Vincho Castillo y sus hijos, precisamente el partido más alejado del discurso “progresista” sobre el que fundamentan su propuesta Minou y Moreno.
El caso de la Fuerza Nacional Progresista es singular porque alega que salió de la alianza con el PLD para ofrecer una opción al segmento que compartía sus posiciones en materia de migración y de lo que llamaron “valores de la familia”… Con rimbombancia le llamaron “Polo Soberano” a la plataforma electoral de Pelegrín Castillo para terminar haciéndoles coro a quienes tanto les acusaron de xenófobos y racistas.
La FNP apostó por el voto nacionalista y cristiano… pero ante su ínfima votación se ha echado en brazos de los grupos a quienes los Castillo catalogaban de traidores a la patria y atribuían ser financiados por USAID para promover el aborto y el matrimonio gay, auspiciados por “las potencias” y “por el gran capital” para establecer un Estado binacional.
De un plumazo tiraron al zafacón una buena parte del respeto ganado a partir de la verticalidad de su discurso para justificar su pobre actuación electoral...
… En fin, que así andan los derrotados de las pasadas elecciones: ¡Desquiciados y perdiendo por partida doble!
Por Oscar Medina ;-