viernes, 10 de junio de 2016

Narcotráfico, corrupción y humor político

UN CHISTE MALO. Los dominicanos disfrutamos mucho del buen humor. Tenemos siempre a mano un buen chiste “para ir tirando”. No llegamos al salero de los gitanos, que según Chiquetete son una raza “tan humilde y tan grande, que de sus penas nacen rayos de sol”, pero no dudamos para hacer de las nuestras un merengue y bailarlo; por ejemplo: “Ay, ‘siña’, Juanica, de por ‘Dio’’, caramba, ombe, ‘me se’ muere el niño y no tengo ‘medecina’, tengo el gallo bolo y la puerca ‘polanchina’, por cuatro reales yo se los doy,’ siña’ Juanica”.
Esta tendencia al buen humor es quizás lo que explica el chiste de los legisladores que han pedido al procurador general de la República informar al Congreso Nacional los detalles de su denuncia, según la cual, diputados electos habrían sido apadrinados por el narcotráfico. ¡Eso es humor fino! Sarcástico e inteligente humor que el joven Gerard Ogando envidia y mi fraterno Aquiles Correa no podrá nunca alcanzar.
LOS PARTIDOS Y LAS PREFERENCIAS DEL ELECTORADO. Y es que de acuerdo a nuestras leyes, el haber sido condenado y cumplida la pena, el haber estado “involucrado” en actividades relacionadas con el tráfico de drogas, el lavado de activos, o ser miembro del club de agraciados financiadores que los partidos que gobernante han sido eligen para convertir en  descarada y jodidamente ricos (y si ya lo era, hacerlo aún más), nada de eso impide a un ciudadano ser candidato a ningún puesto electivo. De “vinculación”, “sospecha”, “duda legítima” o “auditoria visual reprobada”, nada. Si no existe una sentencia con la categoría de la cosa “irrevocablemente juzgada” -y sólo si es de tipo criminal-, ni siquiera el partido puede despojar a un ciudadano de su candidatura si esta fue obtenida en unas primarias. Hasta ahí no llega la ley, pero sí debería llegar el partido que le otorgó la membresía que le permitió competir; como debería de llegar el electorado y sus preferencias. Pero resulta que es justo y lo contrario: a mayor cuestionamiento ético y moral de un candidato, -siempre y cuando éste sea dadivoso y dado al boronéo solidario-, mayor será el apoyo electoral recibido. Para buena parte de los electores, la vinculación al narcotráfico y al lavado de activos y sus negocios, o el pertenecer a las mafias para la financiación electoral, NO es un hándicap, una limitante, sino un plus, un añadido que aumenta las simpatías del aspirante entre los electores, y cada proceso electoral lo confirma. ¿Si la DEA no hubiese cometido “el grave error” de apresar al compañero capitán Quirino, quién era el que iba a ganarle su senaduría sureña en aquellas elecciones?
NOSTALGIA POR EL PADRE QUINN Y EL PROFE MCKINNEY. Hoy, no es el profe McKinney Soriano de los años sesenta y setenta en el “Pueblo Arriba”, de Baní; ni el padre Luis Quinn de siempre en Ocoa, quienes marcan la pauta del liderazgo social, la solidaridad y la mano amiga, sino el narco lavador o en su defecto el aplaudido nuevo rico que un partido gobernante premió para que fuera el cacique de la comarca. A esto hemos llegado. “Nada más que esto somos, amor, dos gotas de llanto en una canción”). Quizás, por todo lo anterior es que los dominicanos disfrutamos tanto del humor y admiramos tanto a nuestros humoristas. Cómo explicar sino el mal chiste de los honorables legisladores.
UN BUEN CHISTE. Entonces, como todo indica que a pesar de la orfandad ciudadana que en las calles se respira estamos en tiempos de cachondeo y chistes malos, terminemos este bulevar con este que sí es bueno: “El día de mi cumpleaños, con voz romántica mi ex me llamó para anunciarme que pasaría por mi casa esa noche. Aumentaron mis expectativas ante la posibilidad de una reconciliación. Pero no. Ella llegó. Entró sin saludar. Tomó rumbo a la cocina. Dejó en la mesa negra de nuestros locos recuerdos una botella de mi vino preferido, y cruel -como su olvido-, me dijo: “Felicidades, al fin cumples algo. Y se marchó”.
Por PABLO MCKINNEY ;-