sábado, 25 de junio de 2016

Fichas del 16

Si el liderazgo del PLD pudo manejar y definir el espinoso tema de la candidatura presidencial en el recién  pasado proceso electoral sin que la organización política se dividiera, con mayor razón se espera que mueva las fichas sin la ocurrencia de trauma alguno, en ocasión de la selección de los nuevos titulares del Senado y de la Cámara de Diputados, el  próximo 16 de agosto. Aquí cabría, sin dudas, aquello de que “quien puede lo más, puede lo menos”.
Aunque se saben las presiones y los movimientos que hacen las fuerzas internas por agrandar su tamaño o no dejarse quitar el espacio ganado - natural en democracia-, la clave del éxito del partido morado ha sido su alta vocación de poder, y la capacidad de no dejarse arrastrar a la división, por más  altas que sean las diferencias o grandes los intereses de por medio. En la coyuntura actual, en la que diversos legisladores del partido oficial han mostrado aspiraciones legítimas a dirigir ambas cámaras del  primer poder del Estado, hay hasta amigos muy circunstanciales del liderazgo principal del partido de gobierno atizando para que las relaciones por dichos litorales no sean  las más  cordiales, incluso dando por un hecho una especie de “pleito casado”. Todo lo contrario a la cultura de cohabitación y de unidad dentro de sus diferencias que ha practicado, con buenos resultados, el PLD. Y mucho más ahora, cuando ya no solo con la oposición, sino hacia adentro, el gobierno del presidente Medina y sus estrategas deberán emplearse a fondo para  ayudar a que la gobernabilidad “fluya”, y la gestión discurra tranquila y con éxito, como la actual. Si  para la escogencia de los nuevos cabezas del Congreso, el Comité Político del PLD recurre al pacto político que evitó la división cuando se definió lo de la candidatura presidencial, que el secretario general Reinaldo Pared ha reivindicado y dice que tiene fuerza estatutaria, entonces las cosas serían de fácil manejo. Ante la diversidad de diputados aspirantes, parece que las mayores posibilidades se centran en Demóstenes Martínez, de Santiago, y Lucía Medina, de San Juan. Al primero, le favorece -además del tema del pacto- la cuestión regional y la experiencia en la Comisión de Justicia. La segunda, con méritos propios, le ayuda la experiencia y la práctica de diez años como vicepresidente del órgano legislativo, pero (sin que sea un impedimento) le desayuda el hecho de ser hermana del Presidente de la República, no solo porque desde la titularidad de la Cámara caería en el orden sucesoral de la nación, sino hasta por evitar “el qué dirán”. Por eso -y más-, el manejo de esa ficha, por prudencia o conveniencia, estará en las manos exclusivas de Medina.
Por Luis Encarnación Pimentel ;-
encar-medios@hotmail.com