sábado, 28 de mayo de 2016

¿Con pies de barro?

Es obvio que el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) no celebró su triunfo. Hubo una especie de recogimiento y pesadumbre. Fue, sin embargo, un gran triunfo para acumular seis victorias consecutivas ganadas sobre un 50% de los votos, como ha recordado el Dr. Leonel Fernández; esta ha sido sobre un 62% a nivel presidencial con mayor cantidad de alcaldes y diputados.
Las cosas sucedidas han puesto pies de barro a ese triunfo; no hemos sentido orgullo porque los conflictos y trapisondas nos han avergonzado. Más bien, hemos sentido la necesidad de realizar esfuerzos para recuperar y reencauzar la organización.
Todavía cerrando el proceso electoral, a poco días de la votación, presenciamos dirigentes importantes reclutando compañeros que terminaron con un gafete enganchado del candidato a alcalde opositor en el Distrito Nacional, afectando el candidato del Partido.
Todo a pesar de que tanto el candidato presidencial como el presidente del Partido habían hecho un llamado para votar morado entero. Más aún, el Presidente Medina llamó por teléfono al Presidente Fernández para que acudiera a asambleas a motivar en ese sentido, lo cual hizo. En cambio, esos dirigentes continuaron sus propósitos, ignorando el llamado que había sido reiterado por el candidato presidencial y el presidente del Partido.
Lo hicieron con desparpajo como a quienes poco les importaba. Se trata de un comportamiento que revela desconocimiento e irreverencia hacia la organización política. El punto en que están las cosas es para que el pueblo le pierda la confianza que ha tenido el PLD desde su origen. Es evidente que el triunfo electoral tan relevante puede terminar en un gobierno con pies de barro.
Era de esperarse que el principal partido de oposición asumiera la posición exhibida por el señor Luis Abinader. Él trazó la raya de Pizarro con sus declaraciones, sin decirlo expresamente, también asume el liderazgo de la oposición; lo ha hecho con la fortaleza propia de quién anuncia una línea de oposición sin conciliación ni tolerancia.
Este contexto ha sido explicado en nuestros artículos anteriores. El gobierno del PLD presidido por el Lic. Danilo Medina, que inicia el 16 de agosto, será confrontado con la intensidad que puede mostrar una fuerza opositora que se prepara desde ya para el 2020.
A su vez los restantes partidos “emergentes”, como fueron reducidos en estas elecciones, buscarán sus tradicionales mecanismos de montar protestas bordeando la violencia. Veremos, además, a esos partidos “emergentes” siendo apoyados por el PRM y su cúpula de dirigentes, incluyendo al señor Luis Abinader.
En declaraciones recientes el señor Luis Abinader, sin aceptar su derrota, “exigió” la destitución de los miembros de la JCE y el Tribunal Electoral. Inmediatamente con impaciencia encabezó protestas en varios barrios para tratar de imponer resultados electorales a favor de sus parciales.
Un partido que va para 16 años consecutivos gobernando, más cuatro anteriores, debe cuidar su fortaleza. Penosamente eso no es lo que se está haciendo. Una parte de los dirigentes del PLD se sienten presidenciables, en parte porque tienen los recursos y, de otro lado, porque es una organización política exitosa y difícil de vencer.
Aunque se pierde de vista que las debilidades del PLD deben ser superadas, porque es el soporte del gobierno que inicia, con pies de barro no puede llenar ese propósito.
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Tomado de Vanguardia del Pueblo