miércoles, 20 de abril de 2016

Wally Brewster, Pastorino

La norma es que los gobiernos en todas partes del mundo llenen una cuota designando a discreción a los llamados “embajadores políticos” en el servicio exterior. Su número varía de un país a otro, pero muchas veces son enviados a cumplir tareas específicas o a normalizar relaciones erosionadas.
Los “embajadores políticos” son cada vez menos porque existen mecanismos para hacer carrera, y en estos tiempos en que la diplomacia cubre ámbitos tan amplios y diversos, casi siempre se les designa para cumplir tareas específicas, de coyuntura, por lo que resultan fugaces sus pasos por el servicio exterior.
Estados Unidos --aunque parezca extraño por tratarse de una nación de elevados niveles de institucionalidad--, es uno de los países con mayor número de embajadores designados a discreción presidencial y es extraño que excedan los tres años en el servicio.
Hasta la llagada de Obama al poder, en 2009, la discrecionalidad presidencial en la designación de los jefes de misiones diplomáticas norteamericanas llegaba casi al 70 por ciento a pesar de que los embajadores tienen que ser refrendados por el Senado.
Con Obama se dio el caso muy singular de que su administración se propuso liberar una agenda de respeto a los derechos civiles y las libertades públicas focalizada en la igualdad de razas, religión y género, y en sus primeros cuatro años de gobierno designó a seis embajadores gays en Asia, Europa, África y América Latina...
... A nosotros nos tocó uno, James-Wally-Brewster, activista destacado de los derechos de los transgeneros, gays, lesbianas y bisexuales que durante el proceso de la reelección de Obama, hace casi cuatro años, terminó siendo uno de los principales recaudadores de su campaña en Chicago.
... Con muy poco tacto
Un embajador no es enviado a ningún país a exacerbar los ánimos políticos ni a crear problemas sociales, y cuando las relaciones se tensan como consecuencia de un mal manejo, ocurre todo lo contrario: los embajadores son llamados a consulta y se les instruye buscar salidas diplomáticas. Hay un manual de comportamiento, la Convención de Viena, a la que deben acudir los embajadores frente a cualquier dificultad en su desempeño. Apegarse a las normas que estatuye esa “biblia de la diplomacia” es la única forma que tiene un embajador para reclamar sus derechos como representante de un país amigo.
En el caso del embajador Brewster, es evidente que él no apega su accionar a sus deberes diplomáticos para reclamar sus derechos como embajador. No se aviene a la Convención de Viena; se comporta como si no conociese ese estatuto y es obvio que tampoco le interesa conocerlo.
Algunos dicen con sorna que Brewster no llegó como embajador de carrera pero que se irá a la carrera en muy poco tiempo... Como Robert Pastorino, aquel chicano embajador metiche a quien en la campaña electoral de 2004 Balaguer hizo salir con la sábana por un canto.
...En el mejor caso
Nada hace pensar que Brewster sobrevivirá como embajador al gobierno de Obama, que termina en enero del próximo año, dentro de ocho meses.
Sin importar cuál sea el resultado electoral de noviembre en los Estados Unidos, lo lógico es que un embajador tan controversial y problemático termine con el gobierno que lo nombró. Tal vez antes. De aquí no se llevará los mejores recuerdos... Tampoco dejará muchas cosas que valgan.