viernes, 8 de abril de 2016

La salud es negocio legal

Donde hay sangre, sudor o lágrimas hay negocio.
Las funerarias, cárceles, deportes, hospitales y hasta la prostitución forman de un anillo de negocios que no se quieren aceptar como tales.
Las clínicas son una forma especial de negocios. Esas instituciones de salud tienen por misión producir beneficios para sus propietarios. Eso no debe provocar rubor. Los servicios médicos privados existen dentro de la sociedad y los que busquen o sean llevados a esas instalaciones deben pagar.
La trágica muerte de Claudio Caamaño vuelve a destapar un canto de ese negocio.
Luce materialista que haya lucro en la atención médica.
Queremos que estos negocios pongan la atención a los humanos por encima del dinero. Es una desigual competencia.
También es injusto que los seres humanos sean desatendidos en las emergencias porque busquen primero en los bolsillos del paciente si hay dinero para pagar.
Hay clínicas y médicos que no aceptan seguros médicos.
Están en sus derechos. Los especialistas reclaman que sus servicios sean pagados con justicia. Son largos y tediosos años de duros estudios que son ignorados por pacientes o intermediarios de salud.
Se atribuye a un funerario decir que le disgustaba la muerte de la gente pero quería prosperidad de su negocio.
Es la síntesis de la controversia.
Toda acción de atención a la salud de un ser humano conlleva gastos y cubrirlos debe corresponder a alguien. Yo entiendo que la salud es una obligación del Estado. Las urgencias médicas debían ser cubiertas por las instituciones gubernamentales del ramo para asegurar la atención popular.
Un paciente poli traumatizado conlleva grandes inversiones y complejos servicios médicos, por ello el interés estatal debe ser preservar la vida del ciudadano adoptando las medidas de lugar. Una emergencia médica puede ser parte de un conjunto de fallas de la sociedad como el desorden del tránsito o la permisividad a las violaciones en las vías públicas.
Esta muerte de Claudio Caamaño debe servir para analizar la tragedia en su contexto real. Su cadáver develó, con soplo de muerte, un sistema fallido que se oculta en el entresijo social. No es el primero que muere en el rebote entre centros de salud pero es un alerta del riesgo que se cierne sobre todos. En cualquier momento estamos expuestos a que este modo de operar nos deje morir.
Hay que modificar el sistema de atención médica.
Todos estamos en riesgo. 
Por Alfredo Freites ;-
alfredofreites@gmail.com