viernes, 1 de abril de 2016

Danilo en la recta final

No hay vuelta atrás. La cuenta regresiva para que Danilo Medina, el PLD y las fuerzas aliadas retengan el poder, elimina días que se convierten en puñaladas para una oposición que lo ha intentado todo para revertir la ascendente popularidad de que goza el gladiador morado. Digo todo, menos propuestas coherentes y creíbles, porque el diseño de su campaña se enredó en un eje centrado en las denuncias, que solo se avienta a difusos puntos cardinales que no encuentran y creen hallar en piquetes organizados a la antigua, tratando de avanzar “al ojo”, sin herramientas científi cas.
En medio del tortuoso intento de caminar, el pedregoso sendero les hace retroceder, porque en la práctica, su desprendimiento del PRD no hizo ola, y lo peor, las bases para echar raíces se cimientan en un terreno de militantes sin pies fi rmes, atados a sentimientos de símbolos e historias que dejan atrás y no quieren dejar, creándose con esto zapatas movedizas que hacen cimbrar la estructura, llenando de incertidumbre a los capitanes que, con amarras sueltas, no ven partir el barco.
Sus naves de velas y remos sintieron, en algún momento, vientos a favor. Pero remaron por los atajos turbulentos de sus discursos livianos, engordados por algunas “encuestas” de carpeta, y los brazos remeros comenzaron a reventarse.
Los falsos números se encontraron con el jet que el Frente Progresista pilota por encima de los 60 mil pies de altura que le da la preferencia del electorado, descartando con ello las impertinencias de ciertos vientos que halan hacia el discurso de la vida personal de los pilotos y permitiendo ver con claridad la curvatura del globo electoral desde el espacio sideral.
Es que para estos días las cosas se les han puesto peores, la vice salió a las calles junto al púgil peledeísta a levantar más el ánimo de las masas y, como si fuera poco, El León, con su rugido, se suma a la marcha, para excitar a las calles, por donde se derrama el entusiasmo de un partido que inició, a partir de 1996, la construcción de una República Dominicana próspera y pujante que, tras cuatro años de secuestro (2000/2004) fue desvencijada, horada y arrastrada por especímenes en los que se concentran la más extravagante muestra de incapacidad.
Por suerte, esos cuasi eternos cuatro años de desventura, pasaron, para alegría del pueblo que comenzó a ver la recuperación rápida y espectacular del país, y el retorno al progreso que en dos cuatrienio levantó la esperanza que se sembró en el pueblo para no dudar que en 2012 se continuara por la vía que vino trazando el partido de la estrella amarilla, junto a sus aliados, para extender, con otro estilo si se quiere, el sembradío de panes expresado en el crecimiento económico con énfasis en la justicia social.
Por Manolo Pichardo;-