miércoles, 2 de marzo de 2016

Partidos dejan atrás tradición

Por Orlando Gil ;-
CUANDO SEA.- Un día, cuando estos eventos sean dulces o amargos recuerdos, habrá que sentarse a analizar por qué en el actual proceso electoral todos los partidos se afanaron en parecerse en lo malo. Todos dejaron atrás tradición y cultura propias, y buscaron por fuera suerte ajena. Por ejemplo, ninguno da cuenta de su boleta a días del plazo de ley, como tampoco registran sus alianzas, intentando impasses que la Junta Central Electoral deberá superar. De común acuerdo, sin hablarse, enterraron la democracia interna, y quieren que se crea en su interés en una ley de partidos que imponga un mínimo de orden en el sistema. Están convencidos, no hay dudas, de que se las están comiendo, y posiblemente sí.
No obstante, habrá que esperar al final, y no certeza, sino pálpito, de que ninguna de las fórmulas será perfecta, y de que al acostarse las palomas, o se caen del palo o las tumban a escobazos. Ni más ni menos que lo que se está viendo. Todavía a la fecha se despoja de candidaturas a aspirantes que las daban por seguras. Todas estas experiencias se van acumulando, y cuando sea de lugar, sacarán cabeza y entonces se sabrá lo horrible que fueron. El bloque oficialista dejó ir partidos que se creían a sí mismos imprescindibles, e igual el bloque oposicionista. Habría que preguntar por La Convergencia...
CONTRA SÍ.- La Cámara de Diputados acaba de hacer lo que nunca había hecho: decidir en contra de sus intereses, eliminando el Fondo de Gestión Social, conocido popularmente como barrilito. Fue instituido por ellos mismos, y se creyó por un tiempo que era un derecho adquirido, e incluso con apropiación en el Presupuesto de la Nación. Al acogerse a la resolución de la Junta Central Electoral contribuyen a su propia causa, pues ese fondo no solo era una ventaja indebida, sino inri para un poder del Estado que debía cuidar su imagen. Se sabe de la votación, pero no de los movimientos que produjeron un resultado tan exitoso. Y aunque los diputados actúan con voluntad propia, lo acontecido da para pensar que se bajaron líneas, que se acataron y que propicia un mejor clima de convivencia electoral. Un ruido menos, puede decirse, y un contagio posible y necesario...
LA AUTORIDAD.- Los diputados, al acoger la resolución de la Junta Central Electoral sobre el Fondo de Gestión Social, le reconocen al organismo una autoridad que pudo haberse discutido. El debate siempre es posible, y como ahora hay tantas jurisdicciones, en alguna podía quedarse varada la cuestión. Un solo golpe, una sola decisión. Igualdad en la competencia, por lo menos a nivel de diputados. El Ejecutivo aceptó de boca las medidas que le afectan, y falta ver ahora si los alcaldes se someten. Algo nuevo, y bueno: lo político subordinado a lo electoral, cuando por costumbre era todo lo contrario. La majestad del organismo de elecciones, que era cosa del día de las votaciones, ahora se ejerce con la debida anticipación. Y si la Junta Central Electoral se impone en estos ámbitos, por igual podría hacerlo en los demás. Solo entereza, pero sobre todo prudencia, para llevar a cabo su tarea, sin alterar el orden establecido. Nadie puede darse por presionado o afectado en sus intereses, pues se actuó a voluntad, y atendiendo un designio que no era superior, pero sí conveniente a la buena marcha del proceso electoral...
LOS SENADORES.- ¿Qué podrá pasar en el Senado de la República? Los senadores se creen categoría aparte, y a ese ánimo de superioridad se deben muchos de los roces con los diputados. Sin embargo, y a pesar de ciertas voces disonantes, la llamada cámara alta acogerá la resolución. No por gusto, pero sí por disciplina. Cuando el presidente de la Junta Central Electoral visitó al Presidente de la República, sabía por qué lo hacía. No solo fue donde el candidato, sino también jefe político, con ascendiente suficiente para que los senadores y diputados actuaran en la misma dirección. Igual cuando acudió al despacho de la presidenta del Senado, que podía ser en la ocasión un oportuno y efectivo vaso comunicante. No había que hablar con todos los senadores, pero Cristina Lizardo sí podía conversar con Danilo Medina y corroborar su línea de conducta. Todos a una y a favor de la limpieza y equidad del proceso electoral. ¿Llenarán las expectativas los honorables senadores? La circunstancia da pie para decir que sí, pues como todos andan en faena de reelección, les conviene que las elecciones se correspondan con el mejor de los espíritus. Esperemos, pues...