viernes, 18 de marzo de 2016

Acevedo: el “punching bag”

Rafael Acevedo es un cristiano militante de elevada ética profesional --quienes lo conocen se pasan en elogios sobre sus valores morales--, que además de sociólogo y “encuestólogo” disfruta la comunicación social y participa de forma activa en el debate de los temas nacionales.
Un ramal de mi parentesco familiar más allegado tiene algunos vínculos con él, pero en términos personales me he perdido de la relación enriquecedora de un hombre que afianza sus valores en la fe cristiana que le prodiga tanta fortaleza para salir indemne de este estercolero político en que lo mete el oficio.
He diferido de su trabajo profesional muchas veces, en ocasiones con el encono de la parcialidad política, pero siempre con el debido respeto por su dignidad y reconociendo que “Rafelito” --como le llaman sus íntimos--, es insobornable y rabiosamente honesto.
La mejor prueba es la credibilidad de su trabajo cuestionado en cada proceso electoral y siempre víctima de la maledicencia que al final termina desmentida por los resultados electorales que hacen incontrastables los vaticinios de las encuestas de la Gallup Dominicana que él preside.
Lo desdicen, lo maldicen, lo vituperan, pero al final todos terminan admitiendo que sus encuestas andaban por caminos correctos...
... Y en el próximo proceso, igual. Primero intentan captarlo, luego cooptarlo para más adelante tratar de comprarlo.
... Poquito demasiado
Perturba el enanismo del ejercicio político y la proverbial carencia de grandeza del liderazgo nacional. Para apreciar esas debilidades bastaría escuchar el lenguaje desconsiderado de algunos líderes políticos y comunicadores que sirven como caja de resonancia.
Cuando a finales de enero el diario Hoy publicó la primera encuesta de este año sobre posicionamiento político, Francisco Javier y Reinaldo le salieron al paso y aunque no lo descalificaron, lo emplazaron a explicar por qué un estudio de su empresa privada difería de esos resultados.
Se trató de una posición política que en su momento critiqué aunque estimé válidos los argumentos peledeistas, pero otros fueron desproporcionados atribuyendo a la encuesta intenciones perversas que pudieron haberse quedado en observaciones técnicas.
Ahora ocurre lo mismo pero en sentido inverso: los descontentos son los del bando opositor que acusan a Gallup y a Acevedo de “sucumbir a la presión del gobierno”.
El asunto no pasara de simple derecho al pataleo --nunca ausente de este tipo de brega electoral--, si no se tratara de una denuncia del principal partido opositor que llega al extremo de vincular esa simple encuesta de Gallup con la trama de Odebrecht que sale de Brasil y contamina a medio mundo.
¿Debería estar bien...?
Cualquiera pudiera pensar que Acevedo se siente bien cuando el oficialismo lo critica si cae abajo y la oposición lo celebra cuando sale arriba, con su respectiva viceversa.
Pero no debe ser así... Porque se supone que una encuesta política no se hace para favorecer a uno y perjudicar a otro, ni para molestar ni para agradar; se hace para procurar información en la base social sobre posicionamiento de partidos y de candidatos.
Es probable que solo en este país se crea que las encuestas hacen ganar o hacen perder elecciones. Donde he vivido: Ecuador, Estados Unidos, Chile, España, Panamá, jamás he visto semejante cosa...
... Las encuestas siempre aciertan cuando se hacen bien, como fallan si se hacen mal. Y de eso saben Gallup y Acevedo.
Por César Medina ;-
lobarnechea1@hotmail.com