martes, 26 de enero de 2016

En primera

Por Luis Encarnación Pimentel ;-
El presidente Danilo Medina, que proclama que le dio “gabela “a la oposición, y ahora “va para la calle”, tiene razón de sobra para creerse ganador de los comicios de mayo próximo, y sugerir que deben “bajarse de las nubes” los que venden la idea de que podrían derrotarle en una segunda vuelta.
Teniendo debajo del brazo algo más de un 57% de aceptación que le diera la última muestra, el hombre apostará a su impronta de gobierno, a la reconstrucción de la unidad de su organización, a la estabilidad macroeconómica y al factor confi anza alcanzado por las gestiones del PLD en sectores conservadores del país, para que una mayoría le apruebe cuatro años más al frente de la nación.
Habrá mucha gente “harta del PLD”, como contrarios y disgustados venden con frecuencia en las redes, pero hay dos realidades fundamentales que contradicen deseos y expectativas de grupos radicales y de la oposición que aspira gobernar: Primero, no han podido aglutinar fuerzas sufi cientes para construir una mayoría capaz de sacar del poder al partido morado (dudo que sea el caso de cara a mayo 16) y, segundo, han sido muy cortos o mezquinos -no han tenido los ojos que han tenido otros aquí y fuera del país- en el reconocimiento del avance, la transformación experimentados en el orden material e institucional del país en los períodos de gobierno del PLD.
Como dijera ayer el embajador y viejo peledeísta Víctor Grimaldi, que esta aquí, desde fuera la realidad que se ve del país es otra, muy distinta a la que se vende localmente. “¿Que hay pobreza?”...Él mismo se respondió: “Pobreza hay en todas partes, pero no se puede negar que aquí se ha logrado un gran avance ,una transformación”… Y lo cierto es que por falta de visión es que la oposición, que ni se une ni crece, siempre dice que gana y que representa “el cambio” (¿?).
Rafael Chaljub Mejía, que ve “suicida” una segunda vuelta, dice en El Día que, aunque descontento e insatisfacción crecen, “hasta hoy no se ha conformado una voluntad nacional mayoritaria a favor del cambio, como la que se notaba en 1978 (….)”. Dijo que se puede construir esa voluntad, pero que al electorado “hay que convencerlo de la justeza de las denuncias contra el gobierno, de la pertinencia de las propuestas de la oposición, y del desinterés, espíritu unitario y ausencia de sectarismo (…)”.