miércoles, 9 de diciembre de 2015

El PLD y su inevitable reflexión

Por Manuel Fermín ;-
Es casi imposible consolidar una sociedad de oportunidades y meritocracia empujando al sendero sin postulado ideológico para depender sólo de la coyuntura, es decir, con base empírica más que ideológica que es la actitud más remanida del repertorio político dominicano. Sin necesidad de haber recurrido a esto, la dirigencia peledeísta, mecida en la cuna de la decencia y la transparencia política y el compañerismo, parece decidida a hundir el rico legado ético y la memoria de su prestigioso maestro y líder, Juan Bosch.
¿Qué vemos?: una fl agrante desigualdad entre sus fi las; un renacimiento del huevo de la serpiente que eclosionó en la organización madre que fue el PRD, que parece nació maldito: solo impera la fratría, la voracidad entre víboras que se consumen unas a otras. El propio presidente Medina llamó al comedimiento.
Alejados de la calle y de la prensa, y con total debilidad moral y mental para enfrentar la realidad, viene haciendo de la baronía peledeísta, presa de lucir más prepotente y a la vez hacer una exhibición excesiva de fortaleza como gestora del reversionismo de las alianzas partidarias, que convierten al adversario de ayer en el amigo de hoy.
Es incomprensible todo después de ver una generación de oro como fueron sus líderes que se le exigía y cumplían con esa suerte de castidad política, de ser inmunes a la soberbia, verlos ahora al desprecio por sus propios “compañeros”, y más: un fuerte viento de ensoberbecimiento asola sus fi las, que además estremece a todo el conglomerado partidario que se ve afectado por sus ráfagas.
Es ya más amplia, y parece menos complicada la práctica de sentirse apestado como ciudadano ante la petición de cumplimiento de ofertas, o de trámites de necesidades individuales o comunitarias que quedan en la estación del desamparo.
Si el PLD ha rehuido delos resultados de este comportamiento: la pérdida del poder, ha sido gracias a la unidad de muchas de sus fuerzas y al debilitamiento de sus adversarios.
Nadie en las fi las de esa organización política y del Gobierno está en capacidad de negar cómo la gente se queja con desengaño por la falta de humildad; sentir esas punzadas de escrúpulos al oír palabras tan sentidas expresadas por el cardenal López; vivir en un constante e inagotable conteo de vergonzantes escenas de corrupción, que es verdad que no son faltas sólo de estos gobiernos peledeístas, pero que deben ser amainados y castigados sin la menor reticencia.
Actos estos que resultan inimaginables en ese partido: aún peor, parecen incomprensibles que tengamos que referirlos de los alumnos de Juan Bosch.
Honestamente no sé si la alta dirigencia del Partido de la Liberación Dominicana se ha dado perfecta cuenta del almacén de cólera destructiva acumulado en el seno de su organización y de los sectores periféricos que le han brindado su apoyo electoral, y que sólo conducen a la trágica aventura a que nos conduce muchas veces la Historia. Parece cada día más cierto el aforismo de Lord Acton dicho al papa Pío IX: “El poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente”.
No se resignan a la humilde tarea de servidores públicos como forma de aliviar su culpa.
Estas son pruebas de la vulnerabilidad cuando no hay, o no quieren que haya, un enfoque más abierto, un consenso de abajo hacia arriba que dé una impresión de gestión colectiva y de fomento de la confi anza y la cooperación.
La última e ingeniosa actitud de baronía peledeísta es magnifi car, por un lado, la imbatibilidad, la victoria fácil; y por el otro, minimizar los desacuerdos, enredos, contradicciones y alejamiento de aliados, militantes y simpatizantes. Habrá que martillearle constantemente la postura vanidosa y de endiosamiento en que han caído muchos de creerse omnipotentes e imbatibles, cegados por el poder. Esos cargos, ninguno son eternos; tampoco permiten dar riendas sueltas al desenfreno para hacer y deshacer sin rendir cuentas.