jueves, 3 de diciembre de 2015

¿Con pena o Vergüenza...?

Por César Medina ;-
No sabe uno si apenarse o avergonzarse de políticos y comunicadores que se pasaron la vida confrontando al “imperialismo”--algunos incluso líderes de la izquierda revolucionaria y hasta guerrilleros frustrados--, que ya listos para el retiro asumen actitudes cómplices y degradantes ante el ultraje a la dignidad y la soberanía nacionales.
Fuera de que más bien parecen bueyes cansados o perros despeluñados a escobazos, el entreguismo de algunos de esos personajes bien vale una profunda reflexión sobre los valores que alguna vez dijeron defender o la frustración que han sentido al desplomarse el andamiaje político que sustentó sus extravagancias ideológicas.
Verlos proclamar ahora “el derecho” del embajador norteamericano Wally Brewster a inmiscuirse en los asuntos internos dominicanos, no parece ser el mejor final político de individuos que entregaron sus mejores años a defender posiciones que --aún erradas--, nadie podía discutirles sus buenas intenciones, los riesgos y el sacrificio que implicaba.
A Brewster se le justifica que actúe en atención a los “intereses imperialistas”, ni más ni menos lo que hizo el embajador W. Tapley Bennett en 1965 cuando intentó humillar el bando militar constitucionalista y provocó la desbandada inicial del liderazgo político que exigía el retorno de Bosch.
O más cerca aún: las torpezas del también embajador Robert Pastorino, el chicano que se creyó todopoderoso al intentar influenciar --para no decir quebrantar--, la soberanía electoral de este pueblo en los comicios de 1994...
...Lo que no puede tener explicación lógica es que algunos que combatieron aquellas ignominias invocando derechos inalienables, aparezcan hoy justificando intromisiones similares, parecidas o peores...
...Como la uva: ¡pasa!
Los embajadores pasan y la gente los olvida pronto por mucho que se hayan hecho notar. Después de cuatro años los jefes de misiones diplomáticas nos añejamos porque llega el hastío y se aburre uno como ostra...
No asumimos posturas fuera de las instrucciones de nuestros gobiernos, pero la diferencia a veces es abismal entre un embajador y otro... La misma instrucción se aplica o se ejecuta de distintas formas, se guardan las normas diplomáticas a partir de la habilidad o inteligencia de cada uno para imponer los protocolos.
Un embajador no debe actuar con torpeza así represente a los más poderoso en un país pobre como el nuestro porque esa perspectiva no haría más que reducir su propia importancia y jerarquía.
De ahí dependerá el trato privilegiado que le dispense el pueblo que le acoge, y ese espacio sólo se gana con el respeto a las normas diplomáticas tipificadas en la Convención de Viena vigente desde hace más de seis décadas.
...El caso de Brewster
El embajador Brewster está pagando noviciado al inobservar una norma elemental que luce una proclama: ¡Fuera el protagonismo! Su vedetismo roza lo inaudito...
Cuando un embajador se convierte en figura mediática en el país de destino, pierde automáticamente el privilegio de la discrecionalidad... Hablo del país de destino, no del país de origen donde el embajador no desempeña ese rol.
En los Estados Unidos Brewster puede decir lo que desee sobre la política interna de su país y estaría ejerciendo un derecho ciudadano, justo el que ejerzo yo aquí al escribir esto siendo embajador en Panamá...
...Lo que no puede hacer es meterse en los asuntos internos dominicanos... Porque eso le está vedado como embajador.