domingo, 29 de noviembre de 2015

Derecho injerencista

Por Tomás Aquino Méndez ;-
No ha sido nada diplomático el reto lanzado por el embajador de Estados Unidos en el país.
El funcionario, que se supone debe ser de trato fino y delicado por sus funciones, no parece dispuesto a aceptar las criticas y cuestionamientos a sus actitudes intervencionistas, tratando de imponer sus criterios desde el Ministerio Publico y otros estamentos.
Él tiene derecho a defender los inversionistas de su país. Él no tiene derecho a tirar lodo sobre la dignidad de los dominicanos.
Tratando de confundirnos, el diplomático crea una maraña erigiéndose como defensor de la lucha anticorrupción.
Mezcla su defensa a inversionistas con corrupción y lanza su amenaza de que, o le permiten meterse donde él quiera o que le devuelvan la visa los que no lo desean.
Es que mas allá de sus funciones diplomáticas, el embajador estadounidense ha hecho de la Procuraduría un antedespacho, cosa que no ha gustado a muchos sectores nacionales.
Sucede que después de cada visita siempre surgen acciones de persecución y hasta sometimientos en contra de funcionarios o exfuncionarios. Hablando ante la Cámara Americana de Comercio, el representante de Barack Obama aquí, justificó su intromisión en los asuntos internos.
Pero no es la primera vez que esto ocurre. Desde 1916 hasta hoy, funcionarios y embajadores de Estados Unidos se han metido de narices en nuestros asuntos. Solo que antes se levantaban voces de nacionalistas, izquierdistas, defensores de la soberanía, sociedad civil que lo rechazaban.
Hoy nos llama la atención que estos sectores guarden silencio. Se conviertan en cómplices de esta actitud injerencista inaceptable. La actitud arrogante e infantil de pedir devolución de visas a quienes disienten de su actitud no es nada diplomática.
Además, otorgar o no una visa no es una decisión personalista de un funcionario, debe ser parte de una política de un Estado, que tiene sus valoraciones y sus líneas generales, y que al final decide quién puede o no ingresar nación de visita o de forma permanente.
No puede estar sujeto a los caprichos de una persona la decisión de acoger o rechazar a un visitante a una nación.
Creo que James Brewster fue mal interpretado debido a que no habla el español, y tuvo un desliz que debiera aclarar, corregir o ratificar.
No veo justificación a que el representante de un país “democrático”, que dice respetar las ideas de los demás, reaccione pidiendo “que le entreguen las visas” aquellos que se oponen a que el se meta en los asuntos internos del país que lo acoge temporalmente. Si quienes le han criticado han tenido una opinión equivocada, él solo tiene que aclararla o rechazarla.
De lo contrario, si no tiene argumentos para desmontar las criticas, debe guardar silencio.
Los gobiernos, sea el de Estados Unidos o cualquier otro lugar del mundo despojan del visado a quien le parece que no merece entrar a su territorio y para eso no tiene que dar ninguna explicación ¿Por qué entonces el embajador Brewster pide la devolución de visas a quienes no comulgan con sus ideas? ¿Xompartirán esa postura los señores legisladores de la “democracia” más solida y respetuosa del mundo? Si la actitud del embajador de EEUU llama la atención, sorprende la indiferencia de las autoridades, los políticos, los nacionalistas criollos que no han dicho ESTA BOCA ES MÍA. Y sorprende aun más que los dominicanos allí presentes hayan “aplaudido” la amenaza de quitar visas por disentir de Mr. Brewster.