lunes, 23 de noviembre de 2015

El Papa peligra

Por Alfredo Freites ;.
El periodista que actúa en las proximidades del Vaticano tiene suerte en estos días si lastima algunas interioridades. Ya no lo torturan ni queman en hogueras. Hay tribunales especiales para atender las quejas de los prelados. La Inquisición cerró sus puertas, hasta nuevo aviso.
Las facilidades tecnológicas facilitan las labores de los periodistas que investigan los tejes y manejos de la jerarquía católica pero la tradición represiva y la intolerancia han hecho un surco muy profundo en los profesionales de la fe. Muchos no resisten los nuevos tiempos.
La democracia limita a los personeros represivos que laboran en el Vaticano. Quieren callar a los que pretenden decir sus verdades y denunciar a algunos curas que no son fieles a los predicamentos de la Santa Sede.
En las pocas cuadras de Roma, donde funciona el gobierno vaticano, hay un hormigueo constante que cubre las operaciones de la iglesia Católica en todo el mundo. Allí, como en todo grupo humano, hay lucha de intereses e ideas.
Algunos periodistas han insinuado que en su interés de tapar la podredumbre algunos vinculados a las operaciones financieras vaticanas  son capaces hasta de asesinar un Papa que estorbe, como ocurrió con Juan Pablo I. Se había adelantado la muerte del exnuncio Josef Wesolowski. La forma sorpresiva y fulminante del desenlace de este caso confirmó que en El Vaticano hay personas que no juegan.
De allí nace un temor que se mantiene callado, sobre la seguridad del actual jefe de la Iglesia. El Papa Francisco ha lanzado líneas que sacuden los procedimientos de la curia romana. Manifiesta firmeza en erradicar la protección a los pederastas que hasta hace poco eran encubiertos y hasta protegidos. También se ocupa de aclarar los manejos de las finanzas de la Iglesia donde hay muchas manchas.
Recientemente el Sumo Sacerdote habló sobre la situación actual y llamó malditos a los que viven de los conflictos mundiales. El jesuita latinoamericano sabe bien cómo actúan esos señores de la guerra. Lo vivió en su natal Argentina, en el Chile de Pinochet y otras andanzas.
Su antecesor, Benedicto XVI, renunció porque no podía luchar contra esos intrincados intereses. Cuando Josep Ratzinger abrió la caja negra del poder se percató que Los  Borgia seguían al mando.
El Papa Francisco gobierna un barril de pólvora. Poderosas fuerzas  quieren mantener la prensa amordazada y la inquisición operando. Jorge Bergoglio  peligra.