martes, 20 de octubre de 2015

Haití... Haití


Por César Duvernay ;-
Las veleidades de las autoridades haitianas definitivamente son dignas de un profundo estudio. Sus constantes vaivenes e inconsistencias desafían toda norma de respeto y sentido común a niveles francamente psiquiátricos.
Ahora resulta que luego del encuentro celebrado el martes de la semana pasada en Barahona, donde los presidentes Danilo Medina y Michell Martelly acordaron, declaración conjunta incluida, una agenda de seis puntos donde el tema de levantar la prohibición a 23 productos dominicanos vía terrestre a ese país sería tratado en quince días, los haitianos nuevamente reculan.
Coherentes en sus incoherencias, no bien habían montado los mandatarios sus aeronaves, cuando el canciller haitiano, Lener Renauld, anunciaba que el bloqueo iba a continuar. De igual manera, Mario Dupuy, ministro de Comunicación de la vecina república, desmentía (mintiendo) a su par dominicano, Roberto Rodríguez Marchena, al decir que la cita en Barahona fue a petición nuestra. Independientemente de  quien haya gestionado el encuentro, que bien pudo haber sido la mano maestra del secretario de Estado estadounidense John Kerry, de visita días antes en Haití, la diplomacia dominicana hizo lo que tenía que hacer para posibilitar las vías de avenencias entre ambos países.
Porque cada uno en su lado,  con sus realidades, intereses,  leyes y normativas, República Dominicana y Haití están obligadas a compartir una isla y en tal sentido, cualquier gestión o  esfuerzo de tolerancia que no contravenga la dignidad, hay que hacerlo como ha pasado con el presidente Medina y su canciller Andrés Navarro quienes con otra muestra de grandeza e inteligencia, apuestan a la concordia y al entendimiento.    
Sus “amigos” de la comunidad internacional deben aconsejar a Haití porque como les recordó el propio Navarro el pasado 15 de febrero, “la paciencia tiene un límite”. Las declaraciones desconsideradas, imprudentes, provocadoras e inoportunas  del gobierno haitiano, insultan la nobleza de quienes hemos sido no solo sus mejores amigos, sino sus mejores y  más tolerantes vecinos. Pero más que eso, enturbian la necesaria válvula de distensión que el encuentro en Barahona había logrado.