martes, 15 de septiembre de 2015

JCE, terrorismo y descaro


Por Pablo Mckinney ;-
Cuando cumplir la ley es noticia
Muy mal anda un país donde el cumplir la ley es noticia y alegre sorpresa que puede incluso inspirar un bulevar como este. Ocurrió la pasada semana con la Junta Central Electoral y su plenoÖ (en pleno). De repente, recibimos la llamada del presidente de la entidad para invitarnos a un encuentro “importante”. La curiosidad periodística nos venció, por lo que decidimos abandonar un feliz encuentro de amigos, en donde se hablaba muy seriamente (uno de los contertulios es cardiólogo) de la recuperación del admirado Anthony Ríos, y se “maldecían” etílicamente las canciones de veneno de este penúltimo mohicano nuestro, trovador auténtico como un soneto de Quevedo y bohemio como un Edith Piaf con pantalones. Al fondo, pero muy bajito, la “vellonera” rezaba: “En una nave gris de hipocresía, vas a embarcar tu vida, tu esperanza. Espero no cargar con la agonía, de la culpa fatal de tu desgracia”.
Un encuentro y el milagro
El encuentro con el vocero de la JCE, a partir de la tertulia que habíamos tenido que abandonar, comenzó siendo aburrido. Sin música de fondo. La noche mejoró cuando se ofrecieron los detalles de la buena nueva que nos había llevado allí: La Junta, de manera unánime, había decidido a hacer “lo que nunca se hizo” y, analizado de manera pormenorizada cada detalle, requisito y mandato de la Ley que rige estas cuestiones, “acoger de manera unánime el informe presentado por su Comisión de Juntas Electorales y Partidos Políticos a partir del trabajo de campo realizado sobre el particular” y rechazar la solicitud de reconocimiento de varios movimientos políticos entre los que se encuentran los partidos de quienes son propietarios de CONATRA y FENATRANO. Había ocurrido un milagro.
El atrevimiento
La JCE había cometido el maravilloso “atrevimiento” de hacer lo que nunca se hizo ni han sido capaces de realizar el Gobierno central, los agentes de la Amet, la Policía Nacional o lo que queda de ella, la Embajada, ni el CONEP. Había tenido los “jardines colgantes de Babilonia” para rechazar la propuesta de reconocimiento de los partidos políticos, propiedad de los poderosos empresarios propietarios de las empresas CONATRA y FENATRANO. Como se sabe, esas empresas ofrecen “servicio” de transporte -nunca mejor utilizadas unas comillas- a la ciudadanía, pero dada su capacidad de dañar gobiernos a través de actos de terror que atemorizan a la ciudadanía y convierten en “exitosa” cualquier protesta en cualquier parte del país, los señores se han convertido en un poder que compite con ventaja con “las familias”, el CONEP y la Embajada, ¡y eso es decir! Por lo menos a los directivos del CONEP, un agente de AMET sí se atreve a aplicarle la ley de Tránsito, y la DGII les cobra impuestos, pero los príncipes no son todo el mundo. La Ley de Transito no llega hasta sus vehículos. El Código Tributario no les alcanza.
Las buenas llegan juntas
Pero hubo más. No conforme con esta feliz y sorprendente noticia, a los tres días de la reunión la JCE volvió a hacer de las suyas y se atrevió a enviar “al más lejano de los carajos” la pretensión del PLD y sus partiditos aliados, de objetar mediante carta firmada por su representante técnico, Danilo Díaz, la licitación que respetando todas las normas y procedimientos que manda la ley, realizara la entidad para la compra de unos equipos imprescindibles para el proceso electoral de mayo. En ambos casos, -el no reconocer a movimientos políticos que no cumplen los requisitos, y en realizar la licitación sin ceder a presiones político/empresariales-, la JCE no ha hecho nada extraordinario, salvo aplicar las leyes que rigen la vaina correspondiente a cada caso. Pero, claro, en un país en proceso de disolución por arrabalización institucional, esas decisiones son excepcionales, plausibles, una chulería, todo un poema de Sabines, una canción maldita como la que interrumpió la invitación del Dr. Rosario Márquez aquella noche, justo y cuando ya la vellonera en Bluetooth, llorosa advertía: “Ö verás que falta espacio al universo, comparado al vacío en que cayeras, y que no existe tierra aquí en la Tierra, para tú sepultar lo que te espera”.