miércoles, 9 de septiembre de 2015

El pacto, un trompo embollado

Por Orlando Gil ;-
EL CASINO.- “Hagan su juego, señores, hagan su juego” es la voz que se impone en los casinos y los parroquianos, actuando en su interés, se concentran en las apuestas. La política dominicana de ahora se parece a los casinos en que cada partido o candidato hace su juego, aunque no sea el mejor ni garantice la mayor ganancia. Lo de Miguel Vargas y Danilo Medina, la tarde del pasado lunes, no deja de ser un trompo embollado, puesto que solo ellos conocen el verdadero contenido y real alcance de su entendimiento.
Lo que se oyó en la puesta en escena no será lo más importante, porque en ese acuerdo la letra chiquita es tan chiquita, que los perredeístas de las bases no podrán leerla, por el momento, ni con lupa. ¿Qué podría decirse de un pacto político y electoral tipo iceberg, en que el hielo bajo agua es más grande que el que asoma a la superficie? ¿En qué la suerte, si la hay, se decide a conveniencia? Aun cuando no quede claro si de Vargas o de Medina, y esa sea una de las tantas preguntas cuya respuesta haya que considerar entre las cien palomas que andan volando…
LO HISTÓRICO.- El acuerdo es histórico, y lo es tanto desde el punto de vista de quienes lo aprueben, como de quienes lo critiquen. Juan Bosch fundó el PLD como un partido antisistema, y en contraposición al PRD. Y fueron durante mucho tiempo líneas paralelas, y deben extrañar las razones y circunstancias de esta convergencia. Franklin Almeyda corrigió recientemente a Miguel Vargas, en el sentido de que no fue Peña Gómez que ofreció apoyo a Bosch en 1990, sino que ese respaldo lo gestionó el líder ad vitam del PLD. Sea una versión o la otra, lo cierto es que las coincidencias existían, o se hicieron necesarias, antes de ahora, y de ser así, Vargas y Medina, el PRD y el PLD, solo se someten al designio de sus manes mayores. En el acto pudieron mostrarse fotografías, a modo de ilustración, y por igual de justificación, en que se veían a Bosch y a Peña Gómez abrazados y regocijados, como en ese momento lo hacían Medina y Vargas. Esto es, el pasado realizándose en el presente…
LA TRADICIÓN.- Quienes ahora se rasgan las vestiduras lo hacen por razones políticas. La conjunción de fuerzas se hace insuperable, y aunque la historia no se cuenta por adelantado, las posibilidades se corresponden más con el gobierno que con la oposición. Durante años, tantos como para sumar siglos, se estuvo planteando la conveniencia de que los sectores liberales hicieran causa común, pues sus enfrentamientos y divisiones favorecían el largo reinado de los grupos conservadores. Fue el gran anhelo del siglo XIX y por igual del XX, por lo que el protocolo firmado el pasado lunes es un propósito que debe interpretarse en esa dirección. Quienes creyeron lo que por mucho tiempo fue ilusión, y hasta utopía, tienen que celebrar el intento, aunque ahora, con la reelección, no tenga el mejor de los auspicios. Va a depender de muchos factores que todavía no están en juego. En un matrimonio, lo importante no es el casamiento, sino la conveniencia, la cohabitación. Si el Plan de Nación de que se habló se mantiene, y los intereses de personas o grupos se sofrenan, quién sabe…
LA SUERTE.- El Partido Revolucionario Moderno, que venía denunciando el entendimiento entre el PLD y el PRD, entre Danilo Medina y Miguel Vargas, debe reconocer su suerte y actuar en consecuencia. Ahora tiene a sus adversarios naturales en un solo lado, y por tanto, no tiene que distraerse disparando a tontas y locas, sino a un solo y único objetivo: la candidatura de Danilo Medina, o al gobierno en específico. El asunto no es tener escrúpulos o dársela de más ético de la cuenta, pues la política gobierna situaciones, se nutre de realidades, y la moral no es una de ellas. Lo que importa ahora es que asuma el papel que por razones naturales le corresponde, pues la campaña va definiéndose, y en la huida de Sodoma y Gomorra, y la advertencia se mantiene, el que mire para atrás se convierte en estatua de sal. La competencia es suya, y lo mejor que haga el trabajo, pues los espacios nunca quedan vacíos, y si no se llenan de agua limpia, por lo menos de aire sucio…