sábado, 26 de septiembre de 2015

El afán de culpar a RD


Por Orlando Gil ;-
@orlandogildice
LE NOUVELLISTE.- La que le viene a República Dominicana desde Haití no es chiquita, si las ideas, las  iniciativas, los propósitos, todavía germinales, se llevan a cabo con todas las consecuencias. El periódico más importante tomaba esta semana el caso de Volkswagen para justificar la medida de impedir la entrada de 23 productos dominicanos. Más o menos discurría que si eso sucede en Alemania, uno de los países más grandes y desarrollados del mundo, qué no se hará en el más pobre del hemisferio occidental. Esto es, fraude masivo. Resalta que el objetivo del ministro Wilson Laleau es un mejor control de calidad y mayor seguridad a la población. Una acción sana y buena, y digna de aplausos. Sin embargo, todas sus inquietudes se refieren a mercancía proveniente de este lado de la isla. Menciona de nuevo los aditivos cancerígenos de la harina, y se pregunta si el cemento gris se fabrica considerando el alto riesgo sísmico de su territorio, y siguiendo esa línea, hace un desglose del grueso de sus importaciones. Apunta y dispara, pero a todo lo que se mueva como comercio desde la comarca vecina...
IMPLICACIONES.-  Se trata de la opinión de un periódico, de eso no hay dudas,  pero qué periódico. Le Nouvelliste es más que un medio en Haití, representa un sector social, una corriente de opinión, y todavía más: ideólogo de las políticas que afectan las relaciones entre los dos países, los dos pueblos, los dos gobiernos. Por ejemplo, una nota de esta misma semana da cuenta de la situación de la harina, uno de los productos objetados, y trae declaraciones de James Marks, jefe de Les Moulins d¥Haití ( Los Molinos de Haití ). El empresario, como debe suponerse, apoya la medida, y entre otras muchas cosas dice que “eso es lo que hay que hacer. Haití tiene su propia producción de Harina. Les Moulins d¥Haití tiene capacidad para suplir el mercado haitiano con una producción diaria de 1,200 toneladas métricasÖ”. Aunque ahí no se queda la cosa. Habla de contrabando, de dumping y de la falta de un certificado sanitario. Pecados y culpas, y ninguna virtud, de parte del productor dominicano...
LAS REUNIONES.- Las conversaciones que se iniciaron en Miami y se siguieron en Haití y República Dominicana, fue una sugerencia del fallecido Carlos Morales, a la sazón Canciller de la República, a los empresarios dominicanos. Aconsejó que hablaran, y que si no se lograba entendimiento, por lo menos se conocerían. El problema es que con los hombres de negocio haitianos, tampoco hay manera. Se comportan igual que sus autoridades. Se llega a un acuerdo, todo el mundo da su asentimiento, y no se han levantado de la mesa cuando uno o dos ponen la reversa y se vuelve a la situación anterior. Los dominicanos no se niegan a pagar impuestos en Haití, solo piden que se organice algo que más o menos se parezca a aduanas. Que ideen un protocolo sencillo, y fluido, y que llenar los trámites no se lleve una vida. Pero no. Allí no hay de nada. Que se dispondrá de un corredor aéreo, y cuando llegue la mercancía, dónde sería guardada, si no tienen almacenes, ni equipos, ni etc...
ANÉCDOTA.- Los empresarios haitianos son buenos quejándose. La cerveza, por ejemplo. Un fabricante se lamentaba de que su producto no se vendía en el país, y se le respondió que eso sí era raro, pues en el mercado dominicano se distribuyen más de cuarenta marcas extranjeras, y que una más no iba alterar ese comercio. Mucho más que iría dirigido a sus propios connacionales. Ahora, cuando se le preguntó por su agente aduanal, dijo no tener, e igual por su distribuidor local, y tampoco. La cerveza, al parecer, iba a venir volando, y los consumidores haitianos la alcanzarían dando saltos. Esta anécdota lo revela e ilustra todo. Lo suyo es culpar a los dominicanos de sus desgracias, y ello de por sí constituye una de las desgracias de los dominicanos. Todo un fatalismo. Violan los acuerdos, pero ¿a qué organismo acudir? Cual que sea no hará nada contra ese pequeño país, mucho más que los haitianos saben ponerse chiquitos para que los carguen. Engañan al mundo, y solo hay que pensar que engañan a los dominicanos que viven puerta con puerta...