miércoles, 8 de julio de 2015

Fanatismo séptico

Hizo lo correcto el Gobieno al enfrentar directamente las destempladas desinformaciones vertidas por la abogada y antidominicana Roxanna Altholz, en un artículo que publicara, en combinación con Laurel E. Fletcher, el domingo pasado en el prestigioso The New York Times.
Y así debe ser. A los enemigos de los dominicanos, internos y externos, no se les puede dejar pasar una sola acusación más sin que reciban las respuestas precisas, tan duras como el nivel que se emitan las críticas. Aquí, el Gobierno y las autoridades, como lo hiciera Rodríguez Marchena, desde el Palacio Nacional. En el exterior nuestros embajadores y funcionarios oficiales, como lo hiciera el fin de semana el embajador Aníbal de Castro con Amnistía Internacional y hace unos años, en el mismo The New York Times, frente a denuncias del lauredado antinacional Yunot Díaz.
Los ataques de esta Roxanna Altholz vienen de viejo. Alimentada por grupos locales pro haitianos y malos dominicanos, en el 2005 fue enfrentada en Washington por nuestros diplomáticos, entre ellos José Dantés Díaz, cuando a propósito del caso de las niñas haitianas Yean y Bosico, ella encabezaba los ataques con las mismas acusaciones de ahora: xenofobia, persecución, discriminación, apatridia contra haitianos.
La campaña mediática internacional contra el país está muy bien orquestada. New York Times, Washington Post, The Guardian, Le Monde, Boston Globe, etc. están integrados a los denuestos que contra el plan de regularización de extranjeros, se desarrolla en el exterior y persiste aquí desde un cada vez más reducido grupito mediático, ONGs y sociedad civil.
En su desesperación el clan mediático, que llegó al extremo de despedir con cocteles y almuerzos -con pergamino y caricatura incluidos- al expulsado Gonzalo Vargas Llosa, ha tratado de abochornar a los reporteros que ‘osaron’ cuestionar, con el pedido de pruebas  en un perfecto ejercicio de periodismo, las acusaciones que el flamante representante de Human Rights Watch, José Miguel Vivanco, vertía contra el país en una desafortunada conferencia de prensa. Porque eso de un periodista llamar ‘plomeros sanitarios’, ‘limpiadores de pozos sépticos’, ‘recogedores de caca de perro’, ‘sicarios verbales apandillados’, miembros del ‘bajo mundo mediático’, ‘crápula’ a un grupo de reporteros, varios de ellos damas, es un abuso vergonzozo, que no se reconforta, siquiera, con el entender que estaría hablando de sí mismo o del grupo en que interactúa.   
 POR RUDDY L. GONZÁLEZ ;-