martes, 7 de julio de 2015

Ahí, en la cola del alacrán

ENTRE TÍGUERES.-  A la entrega de ayer se le cayó la cola, perdió la última línea, y como en el alacrán, ahí era que estaba el veneno. Decía más o menos que la diplomacia decente no surte ningún efecto, pues los haitianos se ríen en la propia cara de los dominicanos, y mucho más si es en reuniones de organismos internacionales. No tiene sentido, y sería todo un fastidio, ir a coger pique en encuentros tales o cuales, pues un día se perderá la paciencia, se alterará el ánimo, y que Dios tome confesados a los responsables del gobierno de la Isla. Los de un lado y los del otro. El canciller Andrés Navarro es de carácter apacible, y de temperamento manso, y no se le cree capaz de mandar al carajo al presidente Michel Martelly, o al primer ministro  Evans Paul, o al ministro de Asuntos Extranjeros Lener Renaud.
Se le supone conversando con el secretario de Estado del Vaticano, el cardenal Prieto Parolin, y si se observa bien, fuera de la sotana, no se sabe cuál de los dos es más hombre de iglesia.  Sin embargo, se impone otro tipo de diplomacia, una que sea maliciosa. La que practican tígueres en el barrio...
“SAL PA’FUERA”.- Un día, y ojalá que sea más pronto que tarde, un funcionario dominicano va a perder la compostura en una de esas reuniones bilaterales, y se va a quitar el saco y la corbata, se arremangará la camisa, y le dirá a su homólogo haitiano, como los borrachos en los bares: “Si tú eres hombre, sal, para que nos matemos como dos perros”. Con un desafío de ese tipo se igualarían las apuestas, pues el haitiano no va a salir a pelear, pero sí dejará de provocar. Sabrá lo que se sabe desde hace mucho, que filo con filo no se cortan, o lo que ya se le dice, pero de manera tímida, con temor, de que toda paciencia tiene un límite. Después de tantos lances inútiles, o de diligencias sin resultados, la República merece ese desahogo, y lo aplaudirá a rabiar. Y ese cambio de tono, ese abandono de la diplomacia decente, no significaría nada, ya que sería cosa entre haitianos y dominicanos, y en ranchos de cana. Cuando sea delante de Ban Ki-moon, de la ONU, o Luis Almagro, de la OEA, de nuevo los niños buenos que esperan con su comportamiento ganarse el cielo...
LOS ESCENARIOS.- Ahora que el gobierno y el sector privado contratarán agencias de relaciones públicas y comunicaciones, de alcance internacional, o pagarán lobbys en Estados Unidos, se sabrá porqué República Dominicana llega tarde a los escenarios. Mucho, pero mucho después de Haití o las entidades que protegen y defienden los derechos humanos de los haitianos. No es cosa de Dios, que se compadece del débil, sino de hombres con intereses -tan diversos como el mundo-- que aprovechan las circunstancias. Se perdió tiempo, pero mucho tiempo, y República Dominicana fue marcada como mala e indolente, por otras razones, a pesar de las muestras de generosidad. Ya no vale el discurso de la solidaridad, con que se llenan la boca los funcionarios dominicanos. Si los haitianos, que son los beneficiarios, dicen que no, que no  es suficiente ¿de qué vale hablar aquí o allá? Las naciones, los gobiernos, los organismos y las personalidades, solo escucharán sus voces y a ellos creerán...
LOS MEDIOS.- Haití es un país pobre, pero en su territorio. La  diáspora, la comunidad en el exterior, dispone de medios, y no solo de conexiones. Michel Martelly, su presidente, gusta de los conciertos de música popular, nada raro en un político que a su vez es músico y cantante. Esos espectáculos los ofrece de manera gratuita a las masas, con fines puramente políticos, pero de seguro que esos artistas cobran, aunque públicamente se diga lo contrario. ¿De dónde sale ese dinero, que no es poco, pues se trata de celebridades, de personajes bien colocados en la industria? Así, queda claro que Haití no es tan niño, aunque le agrade que lo carguen, pero sobre todo se hace cada día más evidente de que cuenta con más recursos de defensa que República Dominicana. La cual, a la intemperie, le caen todos los aguaceros, y va por el mundo con tos y muchas dificultades para hacerse oír, ya que no supo abrigarse a tiempo y su resfriado parece sin remedio. Ahora, habrá que ver, si finalmente los dominicanos pueden ir de igual a igual con los haitianos...
Por Orlando Gil ;-