miércoles, 24 de junio de 2015

PLD, situación de España Boba

VERSE LA CARA.- El funeral de Gladys Gutiérrez permitió a los peledeístas de todas las tendencias verse de nuevo la cara, sin aludir ni recordar asuntos pendientes. Era momento de dolor y justamente oportuno para honrar la fraternidad perdida. Sin embargo, los peledeístas son políticos, y los políticos tienen obligación y necesidad de hacer política. Además, las inquietudes, las intrigas, las murmuraciones, aunque calladas, siguen siendo problema, y no hay manera de resolver con olvido repentino. Los peledeístas de la alta dirección, y por igual de las bases, no deben incurrir en el error del pasado inmediato, de caer en una situación de España Boba. Los riesgos de antes eran por un hacer fortuito, los de ahora por el desgano de no hacer. ¿Por qué no puede reunirse el Comité Político con la frecuencia debida, y más ahora, en que las tareas desbordan la agenda?
El tiempo es largo cuando discurre a su manera, pero corto en el caso de cuenta regresiva. Incluso, ya no solo se afecta a un sector del partido, sino que también a los aliados…
EL DICHO, EL HECHO.- Nadie lo confiesa, pero no hay dudas de que nuevos inconvenientes impiden que el Comité Político se reúna. Los leonelistas quieren que se pase del dicho al hecho, y aparentemente del dicho al hecho hay mucho trecho. El problema, incluso, no sería tanto la reserva de candidaturas, que sigue siendo una dificultad, sino la reforma constitucional. Aunque el mago sea profesional, su acto no se produce igual en cada oportunidad. A pesar de los ruidos, el conejo de la reelección salió bonito: tuvo morado, blanco y rojo, una especie muy singular. No se cree, sin embargo, que pueda repetirse, ya no la magia, sino el milagro. Razón y motivo aparte, en la ocasión habría más capricho que necesidad. El ego de Leonel Fernández no vale una misa, y no tiene sentido que se oficie de nuevo, solo para justificar su auto proclamada condición de garante de la constitucionalidad. Se dirá que compromiso es compromiso, pero en este caso la culpa, como siempre, sería del tiempo y no de España…
EN UN MAPA.- La propia reserva de candidaturas, por ejemplo, tampoco es algo tan fácil. Las consideraciones son complejas, pero hay aspectos imposibles. A pesar de los acuerdos y de las experiencias recientes, el peledeísta ya no es tan disciplinado como en los inicios, y sabe que la insubordinación da frutos. El precedente de la elección del Comité Central, y los consabidos recursos ante el Tribunal Superior Electoral, será una bandera en la mano de aspirantes que postularán para que se reconozcan sus derechos. Cuando se resista uno, se perderá el respeto y el cuestionamiento y la oposición serán de muchos. Pero hay más. Una cosa es pretender reelegirse y otra lograr el cometido. En el PLD se lleva tiempo midiendo localmente, y no todos los actuales titulares pasan la prueba. Incluso, existe un mapa, y ese mapa lo maneja gente del oficialismo, en que se registran las puntuaciones. Después de ese trabajo tan metódico, de ese ejercicio tan sistemático ¿cómo dejarlo en el aire, abandonarlo y correr un albur, que ya no sería albur, sino derrota?...
MAYORÍA PERDIDA.- Interesa ganar la presidencia de la República, pero también las senadurías, las diputaciones, las alcaldías y toda instancia de poder. El PLD, aunque busque nuevos socios y comparta el gobierno, es gandío y no desaprovecha oportunidad. Una vez Leonel Fernández presidente se quejó de la mayoría mecánica y el partido hizo lo que hubo de hacer para tener mayoría mecánica, y por cosa de la vida política, como ñapa a su buen desempeño, consiguió mayoría casi única, avasallante, en el Senado de la República. ¿Cómo puede el PLD poner en riesgo esa situación y permitir que intenten otro período senadores, diputados y alcaldes cuyos números no son suficientes para acreditarse como candidatos y ganar la demarcación? El trance será difícil, pues se pensará, y con razón más que justificada, que la objeción no solo procurará descartar a los difíciles, sino abrir o crear espacios a los oficialistas. Nada grave o crucial o que no pueda resolverse. Solo que las soluciones no caen del cielo, hay que trabajarlas, y, si los organismos no se reúnen…
Por Orlando Gil ;-