lunes, 8 de junio de 2015

El caso Jeannette Dicló: Pides ambulancia al 911 y te envían motocicleta

Durante mucho tiempo, la sociedad dominicana estuvo debatiendo si pagaba o no pagaba, de manera directa y mensual, el costo de un sistema de emergencias 911, ya que la experiencia que los dominicanos hemos tenido en todos nuestros sistemas de servicios públicos ha sido negativa y traumática.
Me atreví a plantear, de manera pública, que lo mejor era que el Gobierno asumiera los costos directos iniciales del servicio 911 (reconociendo, que si lo paga el Gobierno lo estamos pagando los ciudadanos, aunque indirectamente), y sugerí que luego que el sistema estuviese funcionando bien, todos pagaríamos.
Entonces el Gobierno asumió la inversión inicial para la instalación del sistema, y luego de puesto en servicio se ha hecho toda una campaña publicitaria para convencernos de que el sistema 911 funciona a la perfección, y me inscribo entre quienes creyeron que era así, y tanto lo creí, que muchas veces hablé positivamente del buen servicio y dije que era uno de los grandes logros del presidente Danilo Medina, hasta que el pasado martes me vi en medio de una emergencia que me puso en la necesidad de acudir al sistema de emergencias 911.
Estando en mi apartamento, ya casi listo para irme a la oficina, mi hija Stephanie me dice que acaban de llamarme por el intercom para que baje urgentemente al apartamento de Jeannette Dicló, en el piso 4; le pregunto por la razón, y me vuelve a decir, “que baje urgentemente”, y ante esa reiteración, salgo corriendo, bajo las escaleras para no tener que esperar ascensor, y al entrar al apartamento de Jeannette encuentro a su esposo Rafael Victorio, a las jóvenes del servicio doméstico, y a mi esposa Rosa Elena, todos aturdidos, nerviosos, llorosos, y al preguntar qué pasa, me dicen: Jeannette no responde y al parecer ha muerto.
Corrí hasta la habitación de Jeannette, y al verle en su cama, aparentemente dormida, con sus lentes puestos, y sin reacción alguna, pensé que había sufrido un paro cardíaco, y mi primera reacción fue tomar mi teléfono y llamar al sistema de emergencias 911, donde me respondieron inmediatamente, y les dije: “tenemos una emergencia con una señora que aparentemente ha sufrido un paro cardíaco, favor enviarme una ambulancia urgentemente a la calle 3, No. 4, Torre Ivette, en la Av. Bolívar, entre Lincoln y Churchill”, dirección que está apenas a una cuadra de la sede del sistema de emergencias 911, y que caminando se llega en 5 minutos.
El joven que me atendió comenzó a hacerme preguntas torpes e innecesarias (Y porqué usted piensa que es un paro cardíaco?), y le respondí que no perdiera tiempo en preguntas y que me enviara una ambulancia urgentemente, que era una emergencia con un paro cardíaco, y entonces el joven me dijo: “si usted no me responde todas las preguntas que le tengo que hacer entonces yo no le puedo dar el servicio”, y ahí comenzó mi disgusto, pues me di cuenta que aquel joven está entrenado para creerse, y hacerle creer a la gente, que él es el proveedor de los servicios, y que él decide si provee, o no provee, los servicios. La discusión se tornó tan ácida que decidí cerrar el teléfono al ver que estaba hablando con una persona no entrenada para emergencias.
Minutos después me llamó otra persona desde el 911 para preguntarme la dirección, y confirmar si era el mismo caso que también estaba siendo reportado por otras personas amigas de Jeannette, y les confirmé la dirección. Media hora después llegaron dos paramédicos en una motocicleta, oiga bien, en una motocicleta, y sin un desfibrilador, sin oxígeno, y sin nada más que sus manos y un radio de comunicación y no lo podía creer.
La ambulancia nunca llegó, y quizás ya era tarde para salvar a Jeannette, porque no sabemos cuántos minutos habían pasado después del paro cardíaco, pero lo correcto es pedir ayuda médica inmediata, pues uno nunca sabe si una ayuda médica de emergencia puede salvar la vida de alguien que ha sufrido un paro cardíaco; y lo peor es que lo comuniqué por Twitter al jefe del 911, y ni siquiera por cortesía respondió que investigaría y corregiría las vergonzosas fallas de ese día, aunque dos días después, el presidente de la República, Danilo Medina, envió una carta pública de condolencias a los familiares de Jeannette Dicló.
Con todo ese drama, y con todo el dolor que produjo en mi corazón, para mí quedó más que claro, que nuestro sistema de emergencias 911 es una gran frustración.
Por R. Osiris de León ;-