viernes, 19 de junio de 2015

El discurso: ¡buen discurso!

El presidente Danilo Medina dio un discurso mesurado, discreto, sin grandilocuencias retóricas, bien leído y con inflexiones oportunas para resaltar un optimismo necesario en coyuntura incierta por la carencia de contrapeso político que tienda a balancear el escenario electoral.
Pero un detalle poco resaltado por “opinólogos” y analistas es el referente al compromiso que asumió como jefe del Estado que al mismo tiempo figura como candidato a la reelección por las fuerzas políticas tradicionales que contendieron por medio siglo: “(…) Eso aumenta el peso de mi responsabilidad de actuar en el próximo proceso electoral de forma más equilibrada, justa, honesta y transparente”.
Lo razonable habría sido que la alternativa electoral que busca agruparse en una confluencia opositora le tomara la palabra al Presidente para garantizar desde ahora total transparencia al gobierno en un proceso que por sus propias características luce desigual.
Es una conveniencia recíproca si se toma en cuenta que el polo opositor debe comenzar a fortalecerse sobre la equidad participativa y que a Danilo y al gobierno también les favorece que desde un principio el proceso quede revestido de legitimidad, limpieza y transparencia, tres factores siempre ausentes en los procesos reeleccionistas.
El mayor error de la oposición sería montar su campaña electoral sobre la base de descalificar el proceso con denuncias temerarias para victimizarse porque evidencia con antelación que está apabullada y sin ninguna posibilidad.
…El cambio de actitud 
Durante su discurso de veinte minutos, el Presidente dio notaciones de que le preocupa la percepción de la gente sobre su cambio de actitud en torno a la reelección presidencial, y por momentos pareció que la justificación de esa conducta fue el principal motivo de la alocución.
Eso lo humaniza y revela hasta dónde cela el Presidente su imagen pública tal vez hasta en exceso si se toma en cuenta que el poder está subordinado a las contingencias y que siempre que se actúe con apego a la Constitución y las leyes, los pruritos morales son sucedáneos y a veces contraproducentes.
Quienes han tratado el tema en la intimidad con el Presidente, saben que es verdad lo que dijo sobre la contrariedad que le provocó una decisión tan controversial como aceptar que se modificara la Constitución para reelegirlo… “… En ningún momento estimulé o aceleré el proceso. Al contrario, me mantuve siempre con cautela y redoblada atención”. Es una verdad tan absoluta que le causó muchísimos problemas políticos y hasta personales.
Disiento de él-- porque me consta--, en esta otra parte sobre el mismo tema: “Pero si no estuvo en mí estimular este proceso, tampoco estuvo en mí frenarlo ya que brotaba de un deseo popular y profundo”.
Sí… quiso frenarlo
Danilo pasó casi dos años tratando de evadir la avalancha que se le venía encima exigiéndole que se definiera por la reelección y que se iniciara la modificación constitucional que hiciera eso posible.
Siempre se oponía, insistía en que al concluir el actual mandato se iría a su casa “con mis cuatro mujeres” -- su esposa y sus tres hijas--, y desautorizaba cualquier promoción en ese sentido sin importar de dónde partiera.
Más aún, Danilo estimuló el surgimiento de precandidaturas presidenciales en el PLD, y hasta llegó a permitir que tres ministros del gobierno y el presidente del Senado corrieran por la nominación…
¡… Tanto, que por poco se le acaba el tiempo!
Por César Medina ;-