viernes, 22 de mayo de 2015

Falsedades en crisis de PLD

LAS HISTORIAS.- No tengo la menor duda de que Leonel Fernández y Danilo Medina no saben de las historias que se cuentan en su nombre. La falsedad está a la orden del día, y nadie habla verdad ni va derecho, sino que los seguidores de uno y otro se deciden por lo ambiguo. ¿Cómo decir que se reunieron si ni siquiera se han dado citas? Se habla de condiciones o puntos de entendimiento, y cuando se analiza el pliego, éste no sirve ni como borrador. Ni Medina ni Fernández se rebajarían tanto, y la nobleza no obliga cuando la vergüenza no está de por medio. Citan a Juan Bosch en que no habrá acuerdo, pero sí solución. Aunque nunca  sería la que aventuran leonelistas y danilistas, pues a pesar que sería cosa de políticos, hasta los políticos se ponen límites.
Existen los encantadores de serpientes, pero hay que fijarse bien, pues en ocasiones estas se levantan solas ante una flauta muda. Solo que el público es  sordo. En el antiguo parque Enriquillo, la iguana era inocente, pero no los telépatas que entretenían a los curiosos mientras los carteristas realizaban la faena del día...
CONSULTAS.- Los analistas políticos las tienen difíciles en estos días, pues hasta los tahúres se sienten desbordados por el juego, ya que en cada mano ponen sobre la mesa cartas nuevas. ¿Cómo saber, entender, sacar la media, y concluir, si todo es siniestro, artero e imposible? Cuentan que la reelección de Danilo Medina tiene una unidad de inteligencia para acechar a los disidentes. La lista que se comenta en estos días se origina en esa leyenda urbana, pues sería impensable que se encargue esa tarea al DNI. Pero igual se habla de unas reuniones que se dan en Romana, y donde se diseñan unas campañas que utilizan medios diversos y cuyo propósito es disolver la reelección sin hacer efervescencia. Ni champán ni alka-seltzer. ¿Cuál versión creer? O ninguna, o las dos. Aunque ahora, y es lo importante: la reelección de Medina perderá en las cámaras, y hasta en las redes, pero ni en las encuestas, ni en la calle, y mucho menos en los medios. Incluso, tampoco entre abogados, de quienes se dice que no opinan, sino que dan consultas...
LOS TIEMPOS.- Estas situaciones, sin duda, afectan al PLD, pero no tanto como para no reponerse, pues tiene a su favor que los peledeístas están movilizados, o con Fernández y su tercera reelección, o con Medina y su primera. Sigue siendo una patana, solo que tiene problemas en las mellizas de atrás. Con cambiarlas puede continuar el viaje y mantener sus éxitos. Solo basta con que Fernández y los suyos se entreguen para que recupere su antigua potencia y lleve la carga a su destino, y a tiempo. La reelección tiene atrasos, pero todos se deben a ese peso muerto: La resistencia interna. Desde el momento que se produzca el acuerdo, y todos se pongan a una, el PLD volverá a ser fuerza decisiva. La diferencia de ahora con el pasado no es de cantidad ni de calidad. Es de intereses. Las crisis en el PLD eran normales, y se resolvían con principios y con ideología. En la actual coyuntura la dificultad está en que ni principios ni ideología. Los tiempos cambian, y para los peledeístas de estos días más de la cuenta...
LAS VENTAJAS.- Da risa escuchar cómo en uno u otro bando mencionan a Juan Bosch, y lo colocan en el medio como ejemplo, como si esa burla aprovechara. La verdad es que el líder ad vitam no hubiera aguantado uno de los rounds de ahora, y al primer intercambio de golpes se hubiera tirado al suelo, noqueándose por cuenta propia. A él, a papá, se le rieron en vida. Cuando en el 1990 hablaba de luchar contra el gobierno de Joaquín Balaguer y su fraude de entonces, por debajo, con sorna, entonaban un “¡qué luche Jack Veneno!”. El cinismo no llegó con el Frente Patriótico, sino con cambios de personas y de circunstancias y que Bosch, en su infinito declive, no entendió. La vida, cruel y despiadada, lo colocó de espalda a los acontecimientos. Nunca supo cómo el PLD alcanzó el poder. Los peledeístas de ahora tienen que perder, y no recuerdan los tiempos de inopia, y el actual impasse no puede resolverse de consenso, sino como todo negocio justo: garantizando a cada cual sus  ventajas...