lunes, 13 de abril de 2015

¿Por qué llaman a calma?

LOS MISMOS.- Los sectores sociales y políticos que azuzaron los estamentos de justicia, fueron los mismos que se alarmaron y llamaron a la calma. Asumiendo una u otra posición obligaron a los responsables a subirse al cuadrilátero, y por lo menos intercambiar malas palabras. Solo que cuando vieron que la situación podría salirse de madre, se metieron en miedo y demandaron el cese de hostilidades. Aconsejaron al Procurador Francisco Domínguez Brito y al presidente de la Suprema Corte de Justicia Mariano Germán que se tomaran un cafecito. ¡Anjá, qué bien! El país estaba para saltar en pedazos ante tanta impunidad consentida, y ahora, sin que nada hubiera cambiado, se recomienda una idea más apropiada. Que en vez de citarse a duelo, se sienten frente a frente, o uno al lado del otro, y con una taza de la aromática bebida, disipen sus penas. Penas que se suponen son institucionales, y no personales.
O políticas, y con eso tampoco puede haber problema. De política están empedrados todos los caminos. Los que llevan a la perdición, pero también a la solución...
EL EFECTO.- Ahora se descubren nuevas propiedades en el café, y dicen - científicamente -- que sirve hasta de remedio. No obstante, fuera bueno saber si tomarían sus tazas de colador, o de greca, o de cafetera, o de Starbuck. Que siempre sería líquido, oscuro, amargo, pero que nunca sabría igual. Aunque sí los mantendría alerta, despiertos bajo techo, contrario al hombre Malboro que lo hace a la intemperie. ¿Por qué los sectores que se entrometieron en la justicia, descalificando jueces, ahora ponen distancia, o urgen a que se le eche agua al vino y no gasolina a la fogata? Fácil. Desde que hicieron el mundo se dice que no es lo mismo llamar al diablo que verlo llegar. Los grupos de presión, los poderes fácticos, vieron y oyeron la calle, y lo que vieron y oyeron no les gustó. Las voces reclamaban la renuncia de los jueces, pero no de la Suprema Corte de Justicia, a la que pertenece Alejandro Moscoso Segarra, sino de todas las jurisdicciones. Las altas cortes en su conjunto...
EL PROPÓSITO.- La calle no conoce de derecho, ni le importa la legalidad, ni se interesa por la doctrina y le da un comino los procedimientos. Lo suyo es acoso y derribo, y acoso y derribo es política, pero sobre todo subversión. Aunque no se dice a la clara, existen sectores políticos que quisieran cambiar el orden establecido en las altas cortes, sin advertir que son poderes públicos instituidos de acuerdo a la Constitución y su correlativa ley orgánica. Bien hizo Julio César Castaños Guzmán con hablar a nombre de los jueces de la Suprema Corte de Justicia, y decir algo que era necesario e importante: que no renunciarán. Que fueron escogidos por un período y deben cumplir ese período. Esa es la realidad, y no hay de otra. El tabaco es fuerte, pero hay que fumárselo. Y eso fue, lo mismo, que entendió la sociedad civil, que se la da de inocente cuando le conviene, pero que es tan culpable de la situación como los actores principales. Nada más hay que buscar los registros de prensa y averiguar cuál fue la posición cuando se escogieron los actuales magistrados...
LA CALLE.- Los sectores de la sociedad civil llaman a la calma al Procurador General de la República y al presidente de la Suprema Corte de Justicia, pero no hacen lo mismo con la calle, que es donde está el verdadero problema. No es nuevo el enfrentamiento entre jueces y fiscales, como tampoco de unos y otros con policías. No ha habido voluntad política para ponerlos a una, y obligarlos a coordinar y aplicar las que sean políticas de Estado en el campo de la seguridad pública y garantías ciudadanas. La calle es otra cosa. Hubo la parada en los alrededores del Palacio de Justicia del Centro de los Héroes, y no pasó a mayores. Pero no es igual en el interior del país, en zonas dirigidas por grupos violentos, y que hacen lo mismo con razón, y sin razón. Esas protestas de los últimos días constituyen un problema de orden público, y aunque el gobierno se muestra indiferente a la situación, si la ola crece más de la cuenta, tendrá que tomar cartas en el asunto. No quiso tirar piedras hacia atrás, pero otros las están tirando hacia delante..
Por Orlando Gil ;-