viernes, 6 de marzo de 2015

Una bandera con la gloria a cuestas

Me atrevo a repetir la prosa con la que nuestro poeta nacional Gastón Fernando Deligne ensalzó, lleno de un patriotismo inigualable, la trayectoria honrosa de nuestra bandera, mancillada recientemente por militantes del odio en Juana Méndez. Es la misma que gloriosa, en lucha contra el invasor en nuestras guerras de Independencia, nadie puso debajo de su planta, la misma de Capotillo alzada en pedestal con base en el pecho de los patriotas, y es la bandera elevada de nuevo en el Baluarte de El Conde fija en las anales de la guerra de Abril,  y es, por si acaso,  la misma que en  lucha posterior a la propia voz de Deligne contra la intervención de 1916, salió airosa en su paso al través de  la dominicanidad. Es, como dice cierto himno escolar olvidado, “el alma de la patria”, alma tejida y pespunteada con manos femeninas.
ataviada con la belleza que dejan  la aguja y el dedal cotidianos  de las tejedoras y costureras de ensueños en el más bello lienzo simbólico.
Bandera hecha mujer, o  talvez mujer hecha bandera, flor de libertad. Por eso una bandera henchida de poesía por las manos cariciosas de las que amaron la liberación, es antes de todo fuego material y odioso,  ella misma fuego sagrado que los enemigos de un país no apagan aunque la enciendan buscando desvanecerla.
Haciendo breve comentario sobre “Alma Dominicana”, de don Federico García Godoy, el poeta nacional Deligne,  el que gritó  simplemente “que linda en  el tope estás, dominicana bandera” al referirse a la misma con el fervor que su poesía nada pegajosa y sí potente, señaló como durante el camino de sus glorias esta bandera  se mantuvo enhiesta, sin que los abusos la estropearan y en  su permanente recorrer nuestros campos de gloria se  mancharan el blanco, rojo y azul, del pensamiento duartiano, el que venía ya, como óvulo principal de glorias futuras, en un escudo hecho con voz propia.
Nuestra bandera, quemada a mansalva, puede ser considerada la voz que a pesar de la fría conciencia de sus incendiarios, no se apaga. Por eso transcribo estas líneas de Gastón Fernando Deligne, uno de los más enjundiosos creadores del verso, un poeta de cultura vasta, prosa directa, a veces versos tiernos y otras fragmentador de todo lo que los románticos criticaron en su personalidad sin dobleces; él defendió nuestros valores y defendió su poesía frente a críticos a los que acusó de seguidores del arte por el arte.
“Öhe sido arrebatado en pos de la bandera, y desalojada de San Luis, la he acompañado tenazmente alzada en Moca; alta y señera en Capotillo; homérica en el incendio de Santiago, y orgullosa y arrogante detrás de las tropas españolas, camino a Puerto Plata, que es a su turno excelente salida para ultramar. No, ciertamente no: ¡no se desaloja con impunidad una bandera! ¡Y bandera como la nuestra que ha conocido el territorio entero a fuerza de victorias!”
Deligne, en esa carta, da a la bandera en la  obra Alma Dominicana, de García Godoy, el rango de “epopeya del pabellón nacional” Es sabido, que, las epopeyas resisten cualquier llamarada cuando son hijas de la verdad y los afanes libertarios.
Por, eso quemar una bandera en tiempos de paz, y en contra del país que la creó cuando se liberaba de su vecino, da cuentas de un resquemor histórico que civilizadamente debe desalojarse del corazón de lo pasado.
Por Marcio Veloz Maggiolo ;-