martes, 10 de marzo de 2015

Las disonancias peledeístas

LA IMAGEN.-  Los peledeístas están descubriendo ahora lo bueno de ser como los perredeístas, de actuar a su imagen y semejanza, y en los últimos días se muestran desesperados, locos por entrar a la gallera. Puede decirse de los leonelistas, y también de los danilistas. Lo mejor del caso es que ese encono nuevo lo provoca  Quirino Paulino Castillo, cuyo retorno nadie explica, dando lugar a todas las invenciones posibles. El narcotraficante no habla, y no hace falta que lo haga, pues con su presencia llenó un cometido político. Si no abre la boca, no escandaliza. Si no se mueve, todo sigue igual que antes. Con él y sin él da lo mismo. El problema ahora es otro.
Lo que sí prestó o no, de si dio o no, lo de si tuvo o no relaciones con el expresidente, no importa. Lo que interesa saber es qué sector lo trajo, y en ese sentido se convierte en árbitro de la  discordia. Los peledeístas, de un lado y del otro, lo toman de mampara para sacar sus cuchillos y profundizar las heridas. Aun cuando no sea fácil determinar lo verdadero, pues uno es malo por lo que hizo, y el otro, también malo por lo que dice...
LA SERIE.- Llama la atención que Quirino Paulino Castillo viniera la misma semana que Neflix puso en antena la tercera temporada de House of Cards, pues funcionó como un deu ex machina tan perfecto, que ni Frank Underwood hubiera manejado mejor la escena. No hay dudas de que la revelación de Paulino Castillo puso en aprietos a Leonel Fernández, y más porque deja su defensa en manos de otros, y no la hace él mismo. Bill Clinton acaba de dar la cara y aclarar la donación de dineros a su Fundación de parte de gobiernos extranjeros, hecho que era visto en los medios políticos norteamericanos como conflicto de intereses, ante la inminente candidatura de su esposa Hillary. Explicó, y si convenció o no, esas serían otras quinientas. Lo importante fue que le salió alante a la especie y evitó, tal vez, que se convirtiera en agravio, o que fuera uno de esos que no se lavan con cualquier detergente. Lo que se dice ahora es que Paulino Castillo es una fiera amaestrada, y que ruge o muerde según la orden del instructor, que no está en el zoológico ni en el circo, sino en el Palacio Nacional...
INTRIGA.- La situación intriga, pues se tenía a Quirino Paulino Castillo como uno de esos rifles de caza en cuya recámara solo cabe una bala, de gran potencia, pero solo una bala, y ahora resulta que con aplicaciones inéditas, el disparo mata y al mismo tiempo hiere. Mata la bala e hiere el ruido. No hay que decir de Leonel Fernández, un demonio para todos, pero sí de Danilo Medina, con una reelección que solo tenía problemas legales. El Paulino Castillo que vino por Fernández, ahora crea --aparentemente-- dificultades a Medina.  Los leonelistas querían la repostulación de su jefe político, pero no eran rabiosamente contrarios a que Medina tomara otro período. Sin embargo, ahora no. Les cambió el ánimo, y se dan por agraviados, y su suerte ahora es satanizar la reelección. Pero lo hacen de manera torpe. Pues denuncian, acusan y condenan la reelección, pero excluyen a Medina de todas las alevosías que ñdicenñ se cometen contra Fernández. En particular la de Paulino Castillo, que se da como un hecho, como una verdad y como la peor de las perversidades...
SI FUERAN....- Si el problema del gobierno, de Danilo Medina y de la reelección fueran tres o cuatro seguidores fanatizados de Leonel Fernández,  nunca, entonces, una gestión, un presidente y una oportunidad tuvieron mejor posicionados. Nadie desde fuera, aliado o no, cuenta con ascendiente para  influir o alterar decisiones que deberán tomarse en el PLD. Las disonancias de estos días llaman la atención, porque la conducta de los peledeístas no era la misma de los perredeístas. En el partido oficial se daban rebeldías, pero eran casi programadas, de una en una, de manera que no fueran más que reajustes dialécticos, como los consabidos movimientos de la tierra. Esos vientos no tumbarán coco, y si los peledeístas, por sí mismos, no han podido tirar por el abismo ese partido, difícilmente podrán  hacerlo los amigos de ocasión, sea mucho o poco el tiempo o el cariño acumulado. Incluso, la discordia que se origina por Quirino Paulino Castillo, y si como se dice  este es una bestia amaestrada del gobierno, se soluciona con pocas palabras o un gesto. Solo bastaría con llamarlo al orden: “Tranquilo, Bobby, Quieto”...
Por Orlando Gil ;-
orlandogil@claro.net.do