martes, 17 de marzo de 2015

Fatalismo del PRD reflejado como un contagio en el PLD

EL PROBLEMA.- El PRD tuvo en una época un  problema que no es el mismo que ahora tiene el PRM, de no saber cómo seleccionar un candidato entre varios aspirantes. Era en cierto modo peor, una curva invertida, pues le faltaba un dirigente calificado para asumir la boleta. Eran tiempos de la Guerra Fría, y todos los perredeístas eran sospechosos, si no para los norteamericanos, para los sectores de poder económico en el país.  Juan Bosch le había hecho la tarea con borrones, y de José Francisco Peña Gómez no se diga. Entonces buscó por fuera, y no llegó a cansarse: nadie quiso involucrarse en esa empresa. Y no fue tanto por el partido blanco como por Joaquín Balaguer. Nadie quería vérselas con El Hombre de los Doce Años.
Después vino el replanteo de la situación y el remedio resultó más malo que la enfermedad, tan malo que todavía no se logra cura. Esto es, que son muchos los que se sienten llamados, pero  difícil dar con el escogido. Que Antonio Guzmán, que Jacobo Majluta, que Salvador Jorge Blanco, que Pedro Franco Badía, que Marcio Mejía Ricart. Y como si fuera un fatalismo de la historia, lo que ellos iniciaron como vicio, aun contagia...
EL ESPÍRITU.- El PLD que supo escoger muchas veces a Juan Bosch, hasta que la vida lo cansó y el partido superó esa mala prueba, y a Leonel Fernández y a Danilo Medina, sin ruptura ni fragmentación, ahora se muestra incapaz de seleccionar su candidato del 2016 sin alterar un orden establecido por ese mismo partido. Todo peledeísta que abre la boca augura lo peor. Y el problema no es el carácter de Medina, o de Fernández, o de los demás aspirantes: Reinaldo Pared, Francisco Javier García, Temístocles Montás, sino la ausencia de un verdadero espíritu democrático. Estos años de poder impusieron la arrogancia como árbitro interno y los escrutinios no tienen la fluidez de épocas pasadas, en que con todo  y el estalinismo la democracia sacaba cabeza y respiraba, aun cuando tuviera el agua al cuello. Se dice que no, pero  si se viera bien, sería que sí. La reelección de Danilo Medina, si estuviera aprobada, podría correr de igual a igual con la repostulación de Leonel Fernández, y las candidaturas nuevas ya conocidas. Si no pueden en el patio, que jueguen en la calle...
EL ESTILO.- Se habla mucho de la reelección al estilo  norteamericano, y la reelección al estilo norteamericano no excluye la competencia interna, pues una cosa es tener derecho a presentarse a un nuevo período y otra imponerse sin escrutinio dentro del partido. Si se quiere ese modelo, debe estudiarse y no solo lo de cuatro años  más y ya, el retiro definitivo, sino todos los elementos que confluyen, las diversas implicaciones y, sobre todo, las consecuencias. No todos los presidentes norteamericanos hicieron uso de esa  tradición, la cual ñen el decurso de los años posteriores a  Franklyn Delano Rooseveltñ devino en una especie de derecho adquirido, o casi una ley. Los escarceos entre peledeístas o en la opinión pública nacional responden a ese desconocimiento de las reglas, o a ese autoritarismo propio de la política dominicana, y que unas veces se expresa de manera amable, y en otras con arbitrariedad. El presidente Danilo Medina y el expresidente Fernández son los responsables de que sus seguidores actúen sin la  debida prudencia, como si quisieran el choque de trenes, ya que no se apean y sí aumentan la velocidad...
LA GRASA.- Leonel Fernández salió a la calle, y el entusiasmo de los suyos de una vez se hizo sentir, sin que haya razón para tanto contento que no sea el predecible aumento de peso. Habrá que ver cuántas horas dedica al básquetbol solitario que le atribuyen en la azotea del edificio de Funglode, pues dos días seguidos a pura grasa no es lo más recomendable para la salud. Y mucho menos que no está acostumbrado a esos excesos. Pero está en campaña y hay hambre que simular, ya que en cada votante hay un Tubérculo Gourmet en potencia y quiere al candidato o al presidente a su imagen y semejanza. Estas salidas, aunque lo digan sus voceros o él mismo, no son verdaderas demostraciones de fuerza, puesto que hay un detalle que no debe pasarse por alto. En la visita a Villa Mella, un periódico reportó una caravana de 30 yipetas, y si así es la cosa, puede hablarse de mítines portátiles.  Aunque, con todo y todo, el gobierno no lo dejó disfrutar a sus anchas. Los números del ministro Administrativo lucen bellaquería, aun cuando fueran reales...
Por Orlando Gil ;-
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