lunes, 9 de febrero de 2015

El que siembra odios...

El ruido mediático por supuestas amenazas de muerte e insultos denunciados por un grupo de periodistas, generó reacciones solidarias de sectores representativos de la sociedad que llamaron a preservar la libertad de expresión.
Bien, es lo usual cuando son denunciadas conspiraciones e intentos de asesinatos o de cercenar la libre expresión y difusión del pensamiento A pesar de que los hechos denunciados no se compadecen con el escándalo y el bulto que le acompañaron.
El que hace opinión sabe que siempre hay quienes no comparten sus criterios. Y dentro de esos aparecen desaforados o irrespetuosos que pueden increpar a uno en un supermercado o en cualquier espacio público Eso es parte del paquete que viene con el oficio, como me han enseñado siempre.
Cuando las pasiones se desbordan, ese tipo de episodio se hace más frecuente. En las campanas electorales, por ejemplo, a cualquiera le dicen dos o tres cosas por la calle. Y el tema nacional despierta muchas pasiones y susceptibilidades No sólo aquí, si no en todas partes del mundo.
La República Dominicana ha sido víctima de una campaña internacional de acoso. Cientos de mentiras se han vertido en contra del país y de sus valores cuando nadie en la faz de la Tierra ha sido más solidario con el pueblo haitiano que los dominicanos. Y para cualquier dominicano que se respete, resultan simplemente inaceptables los calificativos de xenófobos y racistas que nos pretenden endilgar.
Nos molestamos con la OEA, con su Comisión y Corte Interamericana de Derechos Humanos por su irresponsabilidad, su sesgo y por la difamación y el chantaje a que nos tienen sometidos. Nos irrita Amnistía Internacional y su petulancia; nos indigna la ONU y el ACNUR, por su infinito atrevimiento. Y nos ponemos de frente ante cualquier país, sin importar tamaño o jerarquía económica, que pretenda imponernos políticas migratorias o de nacionalidad cuando se trata de un asunto de rigurosa soberanía nacional.
Y nos irritan los agentes locales que sirven a esos intereses. Gente que alimenta sus ONG’s con recursos de organismos multilaterales y agencias de cooperación para difundir mentiras en contra de los dominicanosÖ Por lo que a nadie debe extrañar que a esos que la población identifica en connivencia con esos intereses les griten improperios o les llamen traidores.
“Traición”, según la Real Academia de la Lengua, es el delito cometido por civil o militar que atenta contra la seguridad de la patria. Y es “alta traición” cuando es cometida contra la soberanía o contra el honor, la seguridad y la independencia del Estado. Y según el Artículo 76 de nuestro Código Penal es un delito castigado con penas de treinta años de reclusión mayor ¡La máxima sanción imponible!
Hay sometimientos formales sobre algunos de los “denunciantes” por la violación de ese artículo. Pero la Fiscalía del Distrito no ha sido tan presta como la de Santiago, que sin recibir denuncia formal, dedicó tres horas de su tiempo a interrogar a un hombre por vociferar en una minúscula manifestación que “hay que fusilar a los traidores...”
Es como si algún energúmeno grita “muerte a los corruptos” en una de esas paradas que se hacen en contra de la impunidad y por eso los ex funcionarios encartados en expedientes de corrupción corrieran peligro de muerte... O que esas personas tengan la vida en riesgo porque algún desorejado les grite “ladrón” en un supermercado.
Hablan de campañas de odio... ¿Pero no son insultos los que lanzan esos grupitos por sus medios cuando califican de racistas, xenófobos y anti-haitianos a quienes defienden la nacionalidad? Y hasta llegan al extremo de colocarle una Z a la palabra nacionalista para relacionar ese sentimiento con los movimientos Neonazis.
Ellos pueden insultar a diestra y siniestra, pero si les llaman traidores están “amenazadas sus vidas”, mientras abundan trabajos publicados en sus medios afines donde exhortan a la población a gritarles “ladrones” a ex funcionarios cuando los vean en la calles.
Hay quienes nunca hemos estado de acuerdo con ese tipo de acoso  ¡En contra de nadie!
Ahí estamos quienes creemos que las ideas se combaten con ideas, no con piquetes y manifestaciones. Quienes nunca nos hemos apandillado a favor ni en contra de nadie. Que no montamos campañas y rechazamos cualquier manifestación que vaya en contra de la moral y el buen nombre de las personas.
Que objetamos el acoso a Leonel y a Funglode, así como los escraches en las casas y oficinas privadas de miembros de las Altas Cortes. De la misma forma como rechazamos cualquier expresión que conlleve insultos y amenazas de muerte contra periodistas o cualquier otro ciudadano que exprese libremente su opinión
Pero igual como rechazamos esos ejercicios ---que vale apuntar, otros han fomentado desde sus ONG’s y los grupúsculos que organizan bajo la fachada de organizaciones “no partidistas”--- hemos exigido que se respete el derecho que tienen de hacerlas Porque eso también es libertad de expresión.
Algunos de los que entonces defendían el “derechos de los jóvenes a expresarse”, ahora se sienten intimidados cuando una parte de la sociedad, asqueada ante la vulgaridad de su accionar, no se contiene y se expresa.
El derecho a la libre expresión del pensamiento no es exclusiva de quienes ejercemos la comunicación social. Ese derecho es atinente a todos los ciudadanos y vale igual para la oligarquía del periodismos como para los “ciudadanos de a pie” que visitan un parque o van al supermercado Es parte de la vida en democracia.
Y si surgen expresiones espontáneas de ciudadanos en desacuerdo con posiciones anti-nacionales, no son producto de ninguna “campaña de odio” y mucho menos de “un plan para acallar voces”. La denuncia en ese sentido es bulto que busca aportar más insumos a quienes pretenden denigrarnos como nación...
Ö Porque a fin de cuentas, odio es lo que algunos de estos “próceres del periodismo” han sembrado en contra del pueblo dominicanoÖ ¡Y lo están cosechando! 
Por Oscar Medina ;-