jueves, 12 de febrero de 2015

Reelección será siempre reelección

LOS APUROS.- El Comité Político sigue siendo el Comité Político, gústele o no a los propios peledeístas, o a quienes desde fuera quieren forzar situaciones. Se pensaba que tenía la llave, pero ahora, al parecer, también el candado; y no importa que toquen la puerta, ni la empujen, pues sabe que no la pueden tumbar. La convocatoria será en febrero, se dijo, y después se reiteró, pero hay gente tan apurada que no aguanta los pocos días que faltan para el 27. Los funcionarios del Palacio Nacional, por ejemplo. José Ramón Peralta declaró el pasado martes que la reelección es un asunto del Comité Político, y ya antes había dicho que había tiempo suficiente para que fuera aprobada. Aunque en su boca reelección y tiempo tienen una connotación diferente a la desesperación de quienes bandera en mano labran otras oportunidades. Peralta no habla por el presidente Danilo Medina, pero quienes aguzan los oídos oyen los susurros del anotador.
Las dudas en ocasiones tienen categoría histórica, y las dudas sobre Medina se mantendrán, y no hay que extrañarse, pues a Tomás, el discípulo de Jesús, la Iglesia lo registra como santo…
LOS PROPIOS.- Después de Asisa y de Gallup, no se necesitaban más números para reconocer que a nivel de población la reelección tiene mayoría. ¿Quién lo niega o apuesta en contra? Nadie. El problema es de otra índole. Sin embargo, Peralta no quiso quedarse fuera de la competencia de encuestas y aportó los porcentajes de las mediciones oficiales. Sonó igual a Isabel Pantoja cuando cantaba libre en los escenarios: “ Por si hay una pregunta en el aire, por si hay alguna duda…”. Esto es, que si el vaso estaba medio lleno, Peralta lo rebosó. ¿Cómo se explica que el gobierno consulte a la calle sobre un tema tan sensible, si no está interesado en otro período? Nadie sabe qué come la gente, pero obviamente que adivina. En la Gallup, cerca del 60 % cree que el presidente Medina tiene interés en repostularse. Es decir, que más del 50 % de los encuestados practica la telepatía y leyeron el pensamiento del jefe del Estado. Y lo mejor que no necesitaron de la iguana que acompañaba a estos augures en el parque Enriquillo, de la avenida Duarte, en una bella época de ingenuidad y malicia…
LA LENGUA.- La cuestión es que no hay una reelección buena y una reelección mala, sino que la reelección siempre será reelección. Fíjense si no, como los leonelistas empiezan a ver fantasmas y asumir las intrigas de la calle. Humberto Salazar se perdió en ese laberinto y perdió su empleo. La lengua es el castigo del cuerpo. Nunca podrá explicar, y menos convencer, su reclamo al Administrativo de la Presidencia sobre un rumor que no era de total dominio público y que era impensable, a menos que se crea que la contradicción entre leonelistas y danilistas sea una guerra chechena. No solo desconoció quién era José Ramón Peralta, sino igualmente Danilo Medina. Una cosa es que los chiquitos se saquen la lengua o muestren los colmillos, y otra que desde la más alta instancia de poder se financie una campaña contra Leonel Fernández. Hasta ahora las relaciones entre ambos –Fernández y Medina– se caracterizan por la decencia. En más de una ocasión esta columna dio cuenta de su cuchicheo en las reuniones del Comité Político…
LA EXPRESIÓN.- Muchos recordaron ahora que Humberto Salazar botó la pelota con las manos, la expresión de Joaquín Balaguer para graficar la metida de patas de un dirigente de oposición en una campaña electoral. Dijo que ese personaje, notable en la vida política de entonces, se había cagado fuera del cajón. Una irreverencia a la lengua de parte de un académico, pero lo justo para responder un ataque. No había de otra en una lucha política ríspida, como era en ese tiempo. A Salazar se le llamó desde el Palacio Nacional la tarde del martes, y lo hizo el propio Administrativo de la Presidencia. Negó haber dicho lo que se le atribuía online y prometió aclararlo en el “programa de Fernando”, al que iría en la noche. Solo que ya el chisme había llegado a oído del presidente Medina y se cortó por lo sano. No solo se trataba de castigar el desbocamiento de Salazar, sino enviar un mensaje a todos los desaforados con posiciones en el gobierno. No se va a permitir guerrilla, ni a propios ni a extraños. Si el mandatario se dedica a gobernar, los subordinados no pueden darse al chisme...