lunes, 23 de febrero de 2015

PRM tiene dos alas

El sábado a las 6 de la mañana Hipólito Mejía iba con los vidrios bajos por la 27 de Febrero. Todo sonriente a los madrugadores. Nadie dudaba que el expresidente iba a una actividad política. Estaba en sus aguas. Su oficio es ese compartir en encuentros de poca gente donde se despacha sin riendas.
Mejía tiene gran carisma. Sus salidas hacen reír. No concita enemistades. Molesta, irrita con sus salidas fuera de tono, como el fogaraté que es de acción pasajera. Desconozco sus enemigos. Tiene adversarios políticos, sobre todo los que son víctimas de sus ataques o asedios manifiestos o bajo cuerda.
Si no hubiera sido agrónomo hoy sería precursor de los humoristas de a pie con su lugar en el salón de la fama del humor local, Hasta un Soberano brillaría  en los anaqueles de su casa.
Nadie puede borrar la verdad que Hipólito es un repentista tremendo. Hubiera hecho pareja formidable con algunos de los  humoristas de la zaga de los 70. Es sagaz y urticante, se le hubiera dado muy bien el chiste político.
Pero Hipólito es político. Es la diferencia. En este arte los aspirantes a la posición mayor tienen que tener a su favor los pases  del ilusionista, ante el que concurrimos sabiendo que sus pases son  mentiras que no podemos demostrar. El aspirante  que usa trucos conocidos retiene poco público.
Esa condición de ser tan conocido es la mayor desventaja de Hipólito frente a Luis Abinader, quien no tiene ejercicio de Estado y puede prometer derretir los polos  y lo peor que le ocurra es la duda. La tasa de rechazo que se le asigna es más bien porque no es de oro; imposible gustar a todo el mundo.
Abinader presentó recientemente su estado mayor, digamos que su partido dentro del Partido Revolucionario Moderno, y se ve una estructura  que soportaría la candidatura presidencial en el Partido Humanista Dominicano si fallara la del PRM. Esos políticos coexisten con los de Hipólito pero trabaja cada quien su parcela.
El empresario mueve sus fichas de ajedrez en busca de la candidatura del PRM. La victoria de Abinader sería una demostración de crecimiento  para las negociaciones con el objetivo de atraer a los seguidores de Mejía y mantener la mancuerna.
Hipólito y Luis son líneas paralelas que traza un jet en el cielo. El viento puede unirlos.
Por Alfredo Freites ;-