martes, 3 de febrero de 2015

Danilo y Leonel entre Bécquer y Neruda

Danilo y Leonel entre Bécquer y Neruda
La historia nunca es muda.
¿Cuál sería la repercusión en el PLD, del intento de modificar la Constitución para lograr la repostulación del presidente Danilo Medina? Pues, la misma que en aquel 2011 hubiese significado hacerlo para beneficiar a Leonel Fernández; lo mismo que hubiese ocurrido si en aquella reunión del CP no se hubiese decidido sacrificar la precandidatura de Margarita Cedeño, quien para entonces -si se dejaba fuera del cuestionario a Leonel Fernández- encabezaba todas las encuestas de popularidad,  que es lo mismo que ocurre ahora con Leonel si dejamos fuera de la contienda al presidente Medina. Hagan memoria. La historia nunca es muda y cuenta con sus santos poetas para cantarla: “Yo he regresado a ti; desde la incertidumbre con espinas”, ¡ah! ¡Pablo Neruda!
En 2012, con Margarita Cedeño de candidata, hubiese sido imposible la creación de los exitosos tres frentes de campaña, y parte del partido (la más disciplinada y electoralmente cojonuda) se hubiese declarado en “huelga de marchas caídas”; los PRDs hubiesen ganado las elecciones y, como en 2003, a esta hora andaríamos todos citando a Bécquer sin querer: “Volverán las tupidas madreselvas de tu jardín las tapias a escalar...”.

Los méritos inéditos del Presidente
Una modificación constitucional para hacer posible la repostulación, echaría por la borda lo logrado por Danilo Medina, empequeñeciendo sus méritos acumulados, algunos tan inéditos y fundamentales como priorizar desde el Presupuesto la santa Educación, “herir de muerte a la ignorancia” con una campaña de alfabetización que es un poema, imponer la Jornada de Tanda Extendida en las escuelas, o comenzar a construir (¡al fin! y con 14 años de retraso, ¡qué vergüenza!) las estancias infantiles que manda una ley, o enfrentar al Opus Dei por defender el derecho a la vida de la mujer dominicana. Una modificación constitucional para exclusivamente permitir la repostulación, inscribiría al Presidente en la triste “Liga de Verano” de los mandatarios que ha cedido a la tentación.
El precio de “vencer”
Todo esto de la modificación constitucional tendría un alto costo ético y político para el Presidente, a partir  de que el PLD no posee la matrícula de legisladores necesaria para hacerla posible. Para modificar la Constitución se requiere el voto de dos terceras partes de la Asamblea Nacional que componen 190 diputados y 32 senadores, (222 votos).  Actualmente, el PLD cuenta con 131 legisladores (100 diputados más 31 senadores), con la posibilidad de “convencer” a los nueve diputados y el senador del PRSC, lo que llevaría la cuenta a 141, quedando aún por “conquistar” siete legisladores. Ante los desmanes y bellaquerías que deberá realizar el PLD para lograr su objetivo, el vulgar show que en 2003 se montó en el Congreso para hacer posible la repostulación de Hipólito Mejía, quedaría como una especie de misa campesina o meditación Zen colectiva en Plaza España.
Para el PLD y especialmente para la imagen del presidente Medina ante la historia, todo esto sería una “victoria derrotada”, para no decir “pírrica”, que es un termino demasiado manido para ser citado aquí. A quien sí debemos citar otra vez es a Neruda en versión PLD: “... todo estará por fin reunido, pero de qué nos servirá la unidad de un cementerio.”
Danilo y Leonel contra Bécquer
El Presidente no debe aceptar esta invitación a saltar sin red a la que muchos, por muy diferentes razones, le convidan. Danilo y Leonel, los dos líderes de la única cosa que en el país político parece un partido, tienen la obligación de llegar acuerdos que aseguren la continuidad de las buenas acciones tomadas por este gobierno y los anteriores, corregir viejos y nuevos entuertos, (ambos conocen muy bien las sombras de sus gobiernos) y seguir avanzando. Ambos, tan aterrizados y pragmáticos ellos, deben saber que siempre será mejor citar a Neruda enamorado que citar (vencido el país y su futuro) a Gustavo Adolfo, el Bécquer. Pónganse de acuerdo, muy señores míos, y dejen “las oscuras golondrinas” y “las tupidas madreselvas” para la poesía y sus desvelos. Con su permiso. 
Por Pablo Mckinney ;-